No más minutos de silencio
Moderadores: J. J. Martínez Ferreiro, Rafel Calle
- Horacio O'Clock
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No más minutos de silencio
las palabras que, vestidas de algodón,
habitaban mi inocencia.
Hoy, invadidos mis ojos por la maleza,
las manos son piedras, acaso exiguas,
para ahuyentar a la sombra
de veloces dientes que ansía devorar
mi destino de pájaro encadenándome
al juego mortal del guardián,
a su mordaza, venda y castigo.
Soy inocente entre barrotes
que se alimenta de alegría y aire
con aderezados versos violetas;
sin embargo, lo que ahora necesito
es justicia, pero no invocaré
a aquella en cuyo trono anida
la serpiente que usa palabras hinchadas
como dios, rey y estado, que hace
de la crueldad mérito y cuya balanza
es la noche de la perdularia voz del yugo
dictando funestos veredictos
y de las filas para morir tras los tormentos.
Tampoco quiero consignas
de superviviente ni minutos de silencio
cuando todo esté perdido:
son como la sed que nunca cesa.
Reclamo para mí el justiciero adiós
de la viuda negra, cuya sentencia,
como un abismo final, dicta contra el culpable
el exilio de su piel y de toda su arquitectura,
el olvido de sus hijos,
un silencio de piedra oprimiéndole la garganta,
la sepultura de los años entre pesados muros,
un colofón de estercolero
y la muerte de su nombre para que nadie
se acerque y sepa cuál fue la maldita palabra
que encubría su insaciable iniquidad.
- Ramón Carballal
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Re: Para el culpable, un colofón de estercolero
"El poema eres tú recomponiendo el espejo que cada día rompes".
"Comprender es unificar lo invisible".
"Elijo la lluvia, porque al derramarse, muere".
"El mar está aquí, en tu silencio".
-
E. R. Aristy
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Re: Para el culpable, un colofón de estercolero
Horacio O'Clock escribió: ↑Lun, 10 Ago 2026 11:31 Entre barrotes vano ropaje fueron
las palabras que, vestidas de algodón,
habitaban mi inocencia.
Hoy, invadidos mis ojos por la maleza,
las manos son piedras, acaso exiguas,
para ahuyentar a la sombra
de veloces dientes que ansía devorar
mi destino de pájaro encadenándome
al juego mortal del guardián,
a su mordaza, venda y castigo.
Soy inocente entre barrotes
que se alimenta de alegría y aire
con aderezados versos violetas;
sin embargo, lo que ahora necesito
es justicia, pero no invocaré
a aquella en cuyo trono anida
la serpiente que usa palabras hinchadas
como dios, rey y estado, que hace
de la crueldad mérito y cuya balanza
es la noche de la perdularia voz del yugo
dictando funestos veredictos
y de las filas para morir tras los tormentos.
Tampoco quiero consignas
de superviviente ni minutos de silencio
cuando todo esté perdido:
son como la sed que nunca cesa.
Reclamo para mí el justiciero adiós
de la viuda negra, cuya sentencia,
como un abismo final, dicta contra el culpable
el exilio de su piel y de toda su arquitectura,
el olvido de sus hijos,
un silencio de piedra oprimiéndole la garganta,
la sepultura de los años entre pesados muros,
un colofón de estercolero
y la muerte de su nombre para que nadie
se acerque y sepa cuál fue la maldita palabra
que encubría su insaciable iniquidad.
Tu poema es de una enorme fuerza política, social y existencial. Utiliza la metáfora del encarcelamiento para denunciar la corrupción del sistema de justicia institucional y expresar un profundo deseo de venganza o castigo implacable contra el opresor.
El tema central es la pérdida de la inocencia frente a la opresión y la demanda de una justicia real (o poética) frente a la justicia institucional corrupta. El yo lírico transiciona desde la vulnerabilidad de un prisionero indefenso hacia una postura de resistencia activa y devastadora contra su verdugo ("el guardián").
Tono: Es combativo, desgarrador y severo. Pasa del desamparo inicial a una ira fría y ejecutora en la última estrofa.
El pájaro representa la libertad y la poesía del prisionero.
La serpiente representa la corrupción de las altas esferas del poder.
La viuda negra simboliza una justicia letal, selectiva y definitiva.
Símil (Comparación): Las consignas y los minutos de silencio son "como la sed que nunca cesa", es decir, homenajes vacíos que no reparan el daño.
El poema comienza situándonos en el espacio físico y mental del encierro ("Entre barrotes"). El autor recuerda su pasado, donde las palabras habitaban su inocencia. Sin embargo, la realidad de la prisión ha transformado al sujeto: sus ojos están tapados por "la maleza" (el sufrimiento o el trauma) y sus manos ya no son suaves, sino "piedras" para defenderse.
Aparece la figura del guardián, que representa al opresor, al carcelero o al Estado represor, imponiendo un "juego mortal" basado en la mordaza, la venda y el castigo.
2. La Crítica a la Justicia Institucional (Estrofa 2)
A pesar del encierro, el yo lírico reafirma su pureza ("Soy inocente"), sobreviviendo a base de dignidad ("alegría y aire") y de la poesía ("versos violetas").
La estrofa da un giro fundamental cuando introduce la palabra justicia. El poeta aclara que no cree en la justicia oficial de los tribunales. Describe el tribunal como un trono donde anida una serpiente que utiliza conceptos solemnes ("dios, rey y estado") como palabras infladas y vacías para encubrir la crueldad. Esa falsa justicia es la que dicta los "funestos veredictos" y condena a las personas a "las filas para morir".
3. El Reclamo de la Verdadera Sentencia (Estrofa 3)
El cierre del poema es una renuncia total al victimismo. El prisionero no quiere compasión posterior, ni lemas políticos, ni "minutos de silencio", porque los considera inútiles.
En su lugar, invoca el "justiciero adiós de la viuda negra". Exige un castigo total y absoluto para el culpable (el opresor/guardián). Este castigo no es la muerte rápida, sino una aniquilación existencial:
El exilio de su cuerpo ("de su piel y de toda su arquitectura").
El olvido absoluto de su descendencia ("el olvido de sus hijos").
El ahogo de su voz ("un silencio de piedra oprimiéndole la garganta").
El entierro en la inmundicia ("un colofón de estercolero").
El borrado de su memoria ("la muerte de su nombre").
El poema concluye con una revelación demoledora: el opresor usaba un discurso ("la maldita palabra") que en realidad ocultaba una maldad insaciable ("su insaciable iniquidad").
Eres un gran poeta Horacio. Certero co.o lo son las flechas perdidas. E.R.Aristy
- Alejandro Costa
- Mensajes: 7903
- Registrado: Dom, 13 Mar 2016 18:27
Re: Ni consignas ni minutos de silencio
Siempre disfruto al leer tus letras.
Interesantes y muy bien construidas.
Saludos.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)

