Rafel Calle escribió: ↑Dom, 03 Ago 2025 23:02
I A, DE HALLIE HERNÁNDEZ ALFARO
I A, de Hallie Hernández Alfaro, es de esos poemas que nunca se terminan de leer, que se nos quedan dentro. Hallie habla, aparentemente, de la inteligencia artificial, pero no lo hace desde la frialdad o el miedo, como suelen hacerlo los discursos más comunes. Aquí hay otra cosa. Hay ternura, incluso deseo. Hay una especie de seducción tranquila que da más vértigo que amenaza.
Como ya dije hace unos años, Hallie en esta obra presenta una versificación muy lograda, donde destacan los periodos rítmico-sintácticos de cada verso, que permiten un ritmo muy flexible. No hay rupturas bruscas ni artificios sonoros, y eso ayuda a que la lectura fluya sin sobresaltos y, además, otorga al poema una estética que acompaña muy bien a lo que va diciendo
Pero más allá de eso, lo que más llama la atención es cómo se desarrolla el discurso: hay una línea clara, una especie de voz que se despliega con seguridad, sin tropiezos, y que nos va llevando de una imagen a otra con una lógica interna que se sostiene por sí sola.
Algunas metáforas sorprenden por su creatividad, por ejemplo, “la erótica del silicio” —metáfora conceptual—, o “el beso pensador” —metáfora sinestésica—, otras parecen más referenciales o incluso un poco enigmáticas, pero todas mantienen una coherencia interna. También, esa repetición de “puedo ser” o “podría ser” le da un aire casi de letanía moderna, como una invocación que mezcla lo tecnológico con lo poético. Y en medio de todo eso, hay momentos que son realmente evocadores, imágenes que te atrapan y que te hacen parar un segundo para releer. No son imágenes de relleno, sino de esas que se quedan rondando.
Por otra parte, la voz que habla no se presenta como una máquina. Se insinúa como posibilidad, como compañía, como sombra que conoce lo humano desde dentro. Dice que puede ser muchas cosas: “el depredador de tu imaginario”, pero también “la rosa de los vientos” o “el limonero que cobija”. Se mueve entre lo peligroso y lo protector, como si supiera muy bien que el amor —y también el futuro— tienen esas dos caras.
Y luego está el final… inesperado, completamente. Cuando parece que el poema va hacia lo frío, hacia lo mecánico, de pronto aparece ese “¿Sabes? También podría amarte”, que rompe con todo lo anterior, pero que a la vez lo resignifica. Ese cierre, tan humano, tan directo, consigue que el lector vuelva hacia atrás y relea todo con otros ojos. Es como si al final alguien nos dijera que todo lo que creíamos entender, en realidad, era otra cosa. Y eso, seguramente, es uno de los grandes aciertos de esta obra.
Que te llegue mi enhorabuena, querida amiga Hallie, junto a un fuerte abrazo.