
Despeinar erizos es el arte de las peñas,
el mar suena abatido en esta noche,
en que le roban horizontes,
y no se une con nada en concreto.
Ah, cómo desvelar la luz,
ésa que duerme en la bombilla
-Corto-circuito.-
sin relámpagos,
cómo memorizar los ojos
que aquí me trajeron.
Direcciones opuestas en un solo camino,
alfombra de piedras o quemazón de hierba.
Huele a espejo, a descripción del mundo,
los sentimientos vuelven sobre sus pasos,
después de observarse frente al hombre.
Estrellas en el agua del misterio
calman su eterna sed,
juegan en los parques de su infancia una y mil veces,
se construyen con lenguas sin leyes, sin dejar huella.
Es un grito de fuego prisionero,
la voz automática del delirio,
la contención de una psicosis sin pena ni gloria
lo que me hace desconectar.
No se puede sostener el mal,
por afectuoso que resulte.
No sé si creo en el infierno,
pero sí en que me he examinado a conciencia.
La naturaleza manda señales,
mientras yo me perdono,
y me roza una brisa demoníaca.