Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
Réplicas
SOMBRAS SIN ARCOÍRIS
Esas calles que anidan en todos lados.
Andamos envueltos en tinieblas y en silencio,
tropezando al antojo de la vida,
levantándonos una y otra vez
pisando por ciénagas húmedas de sudor,
bajo sombras sin arcoíris
de otoños perennes y alfombras crujientes.
No soy el único que las pisa
y no soy el único que siente y padece,
él también:
me paro, se para,
dudo y sé que duda, al igual que yo,
en el silencio se esconde y no le veo.
En la oscuridad guarda su secreto,
sigo caminando por parajes que ya había pisado,
calles asfaltadas de recuerdos
y bordillos repletos de sentimientos,
siempre siento ese vacío que la tristeza te evoca,
el sentir que padece al que nadie espera.
Es en ese paseo rutinario que es la vida
donde sigo tropezando y cayendo,
para levantarme de nuevo,
y mirando la noche,
buscar a ese alguien a quien sigo
bajo sombras sin arcoíris,
y la oscuridad oculta cual secreto
y me invita a conocerle.