El frío -contracción del interior-
detiene la palabra de mi canto
y, soterrado, daña. Es el espanto
del rostro imperturbable, sin dolor
visible, estancamiento delator
que infringe en su estrategia, con quebranto,
la araña a su cautiva cuyo llanto
es líquido silencio del terror.
Ventanas son mis ojos a un paisaje
de abrupto estercolero y en la cumbre
un rostro sin facciones, sin linaje,
se agosta en los olvidos de la herrumbre.
La daga, los grilletes y el ultraje
nutrientes de un final de pesadumbre.
II
Vacío queda el vaso, sin esencias,
y libre el impostor. Ya su veneno
al asno que batalla por su heno,
impávido inocula. Virulencias
matando los rebuznos; divergencias
que, huérfanas, se quedan sin terreno.
¿De dónde el grito que le ponga freno
al fuego instigador de malquerencias?
El suelo, que es morada del testigo,
precisa de calor y de nutrientes,
paciente espera el paso del amigo.
Alientos, clorofilas florecientes,
apoyan las razones dando abrigo
y arraigo a las pulsiones subyacentes.
III
Mañana la ventana de tus ojos
será de los paisajes nacimiento
que en versos cantarán la flor y el viento
al son que marcarán los petirrojos.
Un foro se alzará de gritos rojos,
de piedra roja y rayo; virulento
será el ataque contra el agrio cuento
del impostor que apesta a mil despojos
de audaces tañedores de palabras
que honraban con su verso a los peones
cercados por las moscas y el cianuro.
Mañana queda lejos; mas si labras
rastrojos de poeta y sus canciones,
tendrá potentes alas el futuro.