Quiere
Publicado: Lun, 21 Jul 2014 9:13
Quiere depurar el aire que entra en sus pulmones.
Así como la voz es una materia intrusa en la respiración,
el reflejo de las cosas que viajan por su aliento
inclina su consunción hacia un gesto no válido por ceremonioso.
Quiere refundar sus pulmones, dos láminas
aplastadas, tocadas por la brisa resultante de la desaparición
de accidentes orográficos y de elevaciones espirituales,
pero inevitablemente el poniente una vez más ha de usar su mano
para voltear esos charcos donde se asfixia su voluntad
y ponerlos a secar como cecina sobre un vientre,
dos estribos que cuelgan alegres al cabalgar sobre la marea baja
con una luna estival en el centro quebradizo del cielo,
del punto de mira
de la respiración.
Quiere depurar el método que permite una secuencia
para ponerse en pie, para tumbarse.
Así como las palabras invaden la música sofocándola
con su propia belleza, una presencia requiere un mecanismo
para aparecer y desaparecer y eso es muy triste,
le duele la grieta del ojo, el frío de cada inspiración tornasolea los eslabones
donde crecieron llanos que permanecen intocados,
montón de plexos níveos que tiemblan si el mundo se acerca con sus pasos impostores
a derretir la escalera
de la respiración.
Arde, arde, arde,
nada arde como el blanco.
Quiere.
Arde.
Así como la voz es una materia intrusa en la respiración,
el reflejo de las cosas que viajan por su aliento
inclina su consunción hacia un gesto no válido por ceremonioso.
Quiere refundar sus pulmones, dos láminas
aplastadas, tocadas por la brisa resultante de la desaparición
de accidentes orográficos y de elevaciones espirituales,
pero inevitablemente el poniente una vez más ha de usar su mano
para voltear esos charcos donde se asfixia su voluntad
y ponerlos a secar como cecina sobre un vientre,
dos estribos que cuelgan alegres al cabalgar sobre la marea baja
con una luna estival en el centro quebradizo del cielo,
del punto de mira
de la respiración.
Quiere depurar el método que permite una secuencia
para ponerse en pie, para tumbarse.
Así como las palabras invaden la música sofocándola
con su propia belleza, una presencia requiere un mecanismo
para aparecer y desaparecer y eso es muy triste,
le duele la grieta del ojo, el frío de cada inspiración tornasolea los eslabones
donde crecieron llanos que permanecen intocados,
montón de plexos níveos que tiemblan si el mundo se acerca con sus pasos impostores
a derretir la escalera
de la respiración.
Arde, arde, arde,
nada arde como el blanco.
Quiere.
Arde.