La tarde en que Bukowski vino a casa
Moderadores: J. J. Martínez Ferreiro, Rafel Calle
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Ignacio Mincholed
- Mensajes: 3409
- Registrado: Lun, 11 May 2009 18:31
La tarde en que Bukowski vino a casa
La tarde en que Bukowski vino a casa
flotaba sobre el valle una gran nube con forma de huevo.
Hablamos de los paraísos y los infiernos,
de bares, Beethoven, santas y caballos;
del doble y de la mitad, incluso del todo.
Se marchó y pasé a reordenar cajones
repletos de cosas inútiles extremadamente útiles.
Un antifaz, etiquetas, dos espacios vaciados.
Chapas, filtros, dos o tres planetas, tinta china;
un tubo de Optalidón de los 80,
laberintos, garabatos, sueños, un cuarto oscuro.
Senderos de bosque con trozos de silencio
pasaron de un cajón a otro en orden arbitrario
bajo el impulso del capricho sin obediencia.
Es fatigoso poner las nubes en orden;
rígidas secuencias mecánicas, fabriles,
hasta hacer transitable el recuerdo, ese que nos lleva o nos deja.
Incorporé nuevas cosas inútiles, cerrarlos resultaba difícil.
Un informe militar que certificaba mi inutilidad total,
un candado, el cuerpo místico de Cristo, un muñeco;
una venus de Milo, otra venus de Playboy, una vecina.
Un niño pastor con dos ovejas bajo rayos divinos,
saltó por los aires en triple pirueta hasta mi rodilla.
El niño tenía la mirada triste y las ovejas estaban flacas.
Sonó el teléfono, era Bukowski.
Cierto, su paraguas estaba junto a la puerta.
Nunca llevo paraguas porque los detesto, dijo.
Lo guardé abierto en el cajón con las ovejas.
Cené un huevo duro y dos optalidones.
La nube continuaba fija sin esfumarse,
flotaba en el mismo lugar sobre el valle.
...
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Ana Muela Sopeña
- Mensajes: 14648
- Registrado: Sab, 29 Dic 2007 14:18
- Ubicación: España
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Has creado un mundo mágico mezclando los objetos surrealistas con los paisajes oníricos y la visita de un amigo tan ilustre y original.
Me ha encantado transitar por tus letras.
Enhorabuena
Un beso
Ana
- Alejandro Costa
- Mensajes: 8138
- Registrado: Dom, 13 Mar 2016 18:27
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Has creado un mundo de fantasía, con temas cotidianos y con porciones de cuentos de niños.
Me ha encantado.
Toda una pasada.
Un abrazo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)
- J. J. Martínez Ferreiro
- Mensajes: 15554
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- Ubicación: Santiago de Compostela
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Y lo haces con este poema de un encuentro poético con el irrepetible Bukowsky, al que guste o no guste su literatura, no se le puede negar la autenticad y entrega a la vida, que enfrentaba siempre a cara de can.
Veo tu poema como un pequeño homenaje a ese alejamiento que mostraba el poeta y novelista frente a la mayoría de las cosas de este mundo, tan valoradas por la mayoría, y que el arrumbaba en la indiferencia o el rechazo, y que tú las vas mostrando en el desorden de esa heterogeneidad que podríamos imaginar dispuesta en la habitación donde habitaba.
También destacar esa guiño a sus pasiones: Beethoven, los bares, los caballos…
Siempre, amigo Ignacio, afrontando la poesía desde una perspectiva que intenta siempre la novedad, lo original y auténtico.
Siempre un placer de lectura encontrarme con tus textos.
Un muy fuerte abrazo.
-
Simon Abadia
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- Registrado: Mié, 03 Sep 2014 18:10
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Abrazos
-
Pilar Morte
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- Registrado: Mié, 09 Abr 2008 10:21
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Abrazos y paz
- Silvia Savall
- Mensajes: 1638
- Registrado: Lun, 17 Feb 2014 20:41
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Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Compañero tu poema es impresionante e intenso de principio a fin. Es un gusto estar aquí. Un abrazo grande.Ignacio Mincholed escribió: ↑Jue, 01 Oct 2026 11:53 ...
La tarde en que Bukowski vino a casa
flotaba sobre el valle una gran nube con forma de huevo.
Hablamos de los paraísos y los infiernos,
de bares, Beethoven, santas y caballos;
del doble y de la mitad, incluso del todo.
Se marchó y pasé a reordenar cajones
repletos de cosas inútiles extremadamente útiles.
Un antifaz, etiquetas, dos espacios vaciados.
Chapas, filtros, dos o tres planetas, tinta china;
un tubo de Optalidón de los 80,
laberintos, garabatos, sueños, un cuarto oscuro.
Senderos de bosque con trozos de silencio
pasaron de un cajón a otro en orden arbitrario
bajo el impulso del capricho sin obediencia.
Es fatigoso poner las nubes en orden;
rígidas secuencias mecánicas, fabriles,
hasta hacer transitable el recuerdo, ese que nos lleva o nos deja.
Incorporé nuevas cosas inútiles, cerrarlos resultaba difícil.
Un informe militar que certificaba mi inutilidad total,
un candado, el cuerpo místico de Cristo, un muñeco;
una venus de Milo, otra venus de Playboy, una vecina.
Un niño pastor con dos ovejas bajo rayos divinos,
saltó por los aires en triple pirueta hasta mi rodilla.
El niño tenía la mirada triste y las ovejas estaban flacas.
Sonó el teléfono, era Bukowski.
Cierto, su paraguas estaba junto a la puerta.
Nunca llevo paraguas porque los detesto, dijo.
Lo guardé abierto en el cajón con las ovejas.
Cené un huevo duro y dos optalidones.
La nube continuaba fija sin esfumarse,
flotaba en el mismo lugar sobre el valle.
...
lo que otros tenían
hasta que el azar me descubrió
Silvia Savall[/i]
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Ignacio Mincholed
- Mensajes: 3409
- Registrado: Lun, 11 May 2009 18:31
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Qué amable, Ana; me has hecho sonreír.Ana Muela Sopeña escribió: ↑Jue, 01 Oct 2026 13:08 Qué gozada de poema, Ignacio:
Has creado un mundo mágico mezclando los objetos surrealistas con los paisajes oníricos y la visita de un amigo tan ilustre y original.
Me ha encantado transitar por tus letras.
Enhorabuena
Un beso
Ana
Gracias por la lectura y la nota.
Un abrazo.
Ignacio
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Hallie Hernández Alfaro
- Mensajes: 20129
- Registrado: Mié, 16 Ene 2008 23:20
Re: La tarde en que Bukowski vino a casa
Hay varias vidas en esta infinita tarde, Ignacio.Ignacio Mincholed escribió: ↑Jue, 01 Oct 2026 11:53 ...
La tarde en que Bukowski vino a casa
flotaba sobre el valle una gran nube con forma de huevo.
Hablamos de los paraísos y los infiernos,
de bares, Beethoven, santas y caballos;
del doble y de la mitad, incluso del todo.
Se marchó y pasé a reordenar cajones
repletos de cosas inútiles extremadamente útiles.
Un antifaz, etiquetas, dos espacios vaciados.
Chapas, filtros, dos o tres planetas, tinta china;
un tubo de Optalidón de los 80,
laberintos, garabatos, sueños, un cuarto oscuro.
Senderos de bosque con trozos de silencio
pasaron de un cajón a otro en orden arbitrario
bajo el impulso del capricho sin obediencia.
Es fatigoso poner las nubes en orden;
rígidas secuencias mecánicas, fabriles,
hasta hacer transitable el recuerdo, ese que nos lleva o nos deja.
Incorporé nuevas cosas inútiles, cerrarlos resultaba difícil.
Un informe militar que certificaba mi inutilidad total,
un candado, el cuerpo místico de Cristo, un muñeco;
una venus de Milo, otra venus de Playboy, una vecina.
Un niño pastor con dos ovejas bajo rayos divinos,
saltó por los aires en triple pirueta hasta mi rodilla.
El niño tenía la mirada triste y las ovejas estaban flacas.
Sonó el teléfono, era Bukowski.
Cierto, su paraguas estaba junto a la puerta.
Nunca llevo paraguas porque los detesto, dijo.
Lo guardé abierto en el cajón con las ovejas.
Cené un huevo duro y dos optalidones.
La nube continuaba fija sin esfumarse,
flotaba en el mismo lugar sobre el valle.
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He sentido que llenaba mis ojos con los reflejos de las cosas inútiles; alguna vez fueron o pudieron ser indispensables para la carcasa afectiva. Me llegan al pensamiento algunas respuestas confundidas en el valle. Ah, el Optalidón de los 80 va de la mano con un piso lejano, delirante y febril (quizá porque The Police seducía sin clemencia sus rincones).
Imagino que el poema flota y descuelga antiguos teléfonos, descansa en luces inconscientes o defiende un paraguas fetiche.
Gracias mil por este momento de lectura.
Un abrazo.
que brillan en el borde cortante de un milagro."
Los Dinosaurios en los pájaros, de J. J. Ferreiro