El anciano
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Ana Muela Sopeña
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El anciano
Ana Muela Sopeña
- Julio Gonzalez Alonso
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Re: El anciano
Un abrazo, Ana. Salud.
- Alejandro Costa
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Re: El anciano
Pero es real. El dinero no lo es todo. Compra todo lo material, pero no a ti mismo, al cariño, al abrazo necesario, al amor.
A mí me dan pena todos aquellos que quedan solos, sin nadie a su lado, sin hijos, sin nietos, sin vida y que durante la suya, han sido grandes personas y han estado siempre pendientes de todos los suyos. ¡Estos me dan pena! ¡Mucha pena!
Pero los que se han ganado a pulso aquello que describes en tu escrito, lo siento, sin embargo, no me dan ninguna pena. No los siento.
La vida, al final, siempre termina poniéndote en tu sitio.
Un beso, Ana.
Me alegra mucho volverte a ver.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)
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E. R. Aristy
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Re: El anciano
El cascarrabias se queda solo. Quizá los criminales que rodean a los ancianos le finja amor. Tu poema, Ana Muela Sopeña, es sin duda la realidad triste de una mala cosecha. AbrazosAna Muela Sopeña escribió: ↑Sab, 12 Sep 2026 13:52 Se pregunta por qué nadie lo mira y no encuentra respuesta en su memoria. Se ha pasado la vida maltratando a la gente cercana. Ha insultado muchísimo, sin límite. Ha eliminado el aire de los hijos. Nunca ha dado un abrazo ni un elogio. Ha golpeado siempre a sus dos hijos hasta que se marcharon ya sin lágrimas. Ahora se pregunta sobre su soledad. Por qué a nadie le importa. Por qué le tienen miedo. Y no encuentra ninguna solución. Dice que fue un buen padre. Pero todo es mentira. Ha sido siempre un sádico. Ha convertido en nada a los cercanos. Ha dicho de los hijos que eran nadie. La muerte ya le ronda. Tiene muchos millones en el banco. Tiene muchas viviendas por ahí. Pero carece hoy de lo más puro: carece del afecto y del abrazo. Nadie quiere cuidarlo sin un sueldo. Nadie quiere escuchar sus arrogancias. Nadie quiere ser cómplice de su psicopatía más atávica. El anciano fue cruel depredador. Ya pronto cumplirá noventa y seis. Su final está cerca. Llora en tiempo real lagrimas-sangre. Nadie sufre por él, todos le temen. Su soledad es siempre su tortura, mas él se la ha buscado activamente despreciando a personas cada día de su corta existencia fría y dura.
Ana Muela Sopeña
