Caín
Moderadores: J. J. Martínez Ferreiro, Rafel Calle
- Ramón Carballal
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Caín
que cuartea mis labios y seca mi lengua.
Labro en la plenitud del día y en la calígine de la noche,
el fruto se agosta, el trigo es negro como mi ansia.
Abel ríe mientras su rebaño bebe en el manantial
y come la hierba aún fresca de rocío.
Yo daré a mi Dios un resto de la mies,
él le dará el hermoso ejemplar de un carnero joven.
Arrodillado, con la piel ajada lloro ante el desprecio a mi labor,
y crece en mí un fuego omnisciente que busca el rostro hermano
con la rabia invencible que destruye la armonía del bien.
Aún gotea de sangre el instrumento de la maldición
cuando mi dios indaga por la suerte de Abel.
Yo respondo, herido en lo profundo:
soy acaso el guardián de mi hermano.
La ira del creador marca mi frente,
y es entonces que debo vagar incesante por las duras estepas
más allá del edén donde oriente es un páramo infinito.
Y así será para mi estirpe durante toda la eternidad.
"El poema eres tú recomponiendo el espejo que cada día rompes".
"Comprender es unificar lo invisible".
"Elijo la lluvia, porque al derramarse, muere".
"El mar está aquí, en tu silencio".
- Marisa Peral
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Re: Caín
De los recuerdos que quedaron más grabados en mi memoria uno es esté de Caín.
Felicidades y gracias.
Bicos.
Marisa Peral Sánchez
——
¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!
—-
-
Pilar Morte
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Re: Caín
Abrazos y salud
- Silvia Savall
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Re: Caín
Mi querido Ramón siempre me gusta releer tus poemas porque son bellísimos y con imágenes que se sienten. Un abrazo grande.Ramón Carballal escribió: ↑Lun, 18 May 2026 8:55 Este sol que aturde los sentidos y esta sed
que cuartea mis labios y seca mi lengua.
Labro en la plenitud del día y en la calígine de la noche,
el fruto se agosta, el trigo es negro como mi ansia.
Abel ríe mientras su rebaño bebe en el manantial
y come la hierba aún fresca de rocío.
Yo daré a mi Dios un resto de la mies,
él le dará el hermoso ejemplar de un carnero joven.
Arrodillado, con la piel ajada lloro ante el desprecio a mi labor,
y crece en mí un fuego omnisciente que busca el rostro hermano
con la rabia invencible que destruye la armonía del bien.
Aún gotea de sangre el instrumento de la maldición
cuando mi dios indaga por la suerte de Abel.
Yo respondo, herido en lo profundo:
soy acaso el guardián de mi hermano.
La ira del creador marca mi frente,
y es entonces que debo vagar incesante por las duras estepas
más allá del edén donde oriente es un páramo infinito.
Y así será para mi estirpe durante toda la eternidad.
lo que otros tenían
hasta que el azar me descubrió
Silvia Savall[/i]