Hojas almidonadas
Moderadores: J. J. Martínez Ferreiro, Rafel Calle
- Alejandro Costa
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Hojas almidonadas
Me siento extraño cuando navego por caminos aliados
tropezando con aristas que rasgan la plenitud de la desidia.
Astillas secas que se clavan en la mirada,
espinas que atraviesan párpados secando lágrimas.
Aún balbuceo leyendo cartas con aroma a jazmín,
no es solo silencio lo que maltrata mi mente,
ni tormentas abruptas chocan contra la palidez de la tarde,
las ventanas se enojaron y son incapaces de mostrar el paisaje.
Sufro los disturbios de aves cuando emigran
y no consigo entender la brisa que no arrastra tu nombre.
Siguen secándose candiles al no tener historias que ilustrar,
me siento un pozo sediento, un infinito sin horizonte.
No es ayer; los poros de la piel se sonrojan, la frente suda,
siguen martilleando penumbras sobre la puerta,
continúan atrincherados recuerdos tímidos, dormidos,
vigas curvadas en penitencia, suelos que no respiran.
Soy náufrago del deshielo fundido de infortunio,
la aurora se enemistó, no deja borrar la penumbra de mis días,
tal vez esté amarrado por las arañas de la noche,
el polvo eterno de la desdicha, la inconsciencia de la locura.
Solo cuando el barro cubra mis huesos
abrazaré aquellos que te llevaste sin permiso,
te rodearé con la piel sajada del último suspiro
y dejaré que el polvo acalle tu ausencia.
Entre hojas almidonadas escribiré mi adiós definitivo,
un te quiero en una despedida sin respuesta.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.…
Me sobra el corazón (Miguel Hernández)
-
E. R. Aristy
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Re: Hojas almidonadas
El lirismo arropa estos versos que lloran. "me siento un pozo sediento, un infinito sin horizonte. " Vuanto expresas aquí con estos versos, Alejandro. Lo tiene todo menos a esos seres que han partido. Es un poema desconsolado. Me conmueve su belleza.Alejandro Costa escribió: ↑Lun, 20 Abr 2026 11:47 No he dejado de revolotear hojas de tenso almidón.
Me siento extraño cuando navego por caminos aliados
tropezando con aristas que rasgan la plenitud de la desidia.
Astillas secas que se clavan en la mirada,
espinas que atraviesan párpados secando lágrimas.
Aún balbuceo leyendo cartas con aroma a jazmín,
no es solo silencio lo que maltrata mi mente,
ni tormentas abruptas chocan contra la palidez de la tarde,
las ventanas se enojaron y son incapaces de mostrar el paisaje.
Sufro los disturbios de aves cuando emigran
y no consigo entender la brisa que no arrastra tu nombre.
Siguen secándose candiles al no tener historias que ilustrar,
me siento un pozo sediento, un infinito sin horizonte.
No es ayer; los poros de la piel se sonrojan, la frente suda,
siguen martilleando penumbras sobre la puerta,
continúan atrincherados recuerdos tímidos, dormidos,
vigas curvadas en penitencia, suelos que no respiran.
Soy náufrago del deshielo fundido de infortunio,
la aurora se enemistó, no deja borrar la penumbra de mis días,
tal vez esté amarrado por las arañas de la noche,
el polvo eterno de la desdicha, la inconsciencia de la locura.
Solo cuando el barro cubra mis huesos
abrazaré aquellos que te llevaste sin permiso,
te rodearé con la piel sajada del último suspiro
y dejaré que el polvo acalle tu ausencia.
Entre hojas almidonadas escribiré mi adiós definitivo,
un te quiero en una despedida sin respuesta.
- Silvia Savall
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Re: Hojas almidonadas
Qué profundos tus versos y qué maravilla de poema destaco este cierre fantástico "Entre hojas almidonadas escribiré mi adiós definitivo, un te quiero en una despedida sin respuesta. Un abrazo grande Jandro.Alejandro Costa escribió: ↑Lun, 20 Abr 2026 11:47 No he dejado de revolotear hojas de tenso almidón.
Me siento extraño cuando navego por caminos aliados
tropezando con aristas que rasgan la plenitud de la desidia.
Astillas secas que se clavan en la mirada,
espinas que atraviesan párpados secando lágrimas.
Aún balbuceo leyendo cartas con aroma a jazmín,
no es solo silencio lo que maltrata mi mente,
ni tormentas abruptas chocan contra la palidez de la tarde,
las ventanas se enojaron y son incapaces de mostrar el paisaje.
Sufro los disturbios de aves cuando emigran
y no consigo entender la brisa que no arrastra tu nombre.
Siguen secándose candiles al no tener historias que ilustrar,
me siento un pozo sediento, un infinito sin horizonte.
No es ayer; los poros de la piel se sonrojan, la frente suda,
siguen martilleando penumbras sobre la puerta,
continúan atrincherados recuerdos tímidos, dormidos,
vigas curvadas en penitencia, suelos que no respiran.
Soy náufrago del deshielo fundido de infortunio,
la aurora se enemistó, no deja borrar la penumbra de mis días,
tal vez esté amarrado por las arañas de la noche,
el polvo eterno de la desdicha, la inconsciencia de la locura.
Solo cuando el barro cubra mis huesos
abrazaré aquellos que te llevaste sin permiso,
te rodearé con la piel sajada del último suspiro
y dejaré que el polvo acalle tu ausencia.
Entre hojas almidonadas escribiré mi adiós definitivo,
un te quiero en una despedida sin respuesta.
lo que otros tenían
hasta que el azar me descubrió
Silvia Savall[/i]
