Por ti caí en el laberinto,
en el carey de tu boca
y en la angustia insurrecta
que nos abraza y nos expatria.
Deja que tu semblante sea invernadero,
que sea breña y espliego tu galanura,
que todo sea lavándula, señales y presencia.
Deja que este marzo inabarcable
sea prodigio,
que sea alcoba, avidez, quimera.
Que nos acose la inmoralidad en las madrugadas,
que tus labios sean mixtura y tu cuerpo,
mi catalizador de esencias.
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© MAR – Marzo 2012