Lágrimas
Publicado: Lun, 09 Nov 2026 0:07
No es la piel la que se eriza y sufre,
ni las manos cuando se acobardan y tiemblan,
ni el cielo se vuelve niebla
cuando se esconde la luz del día.
El cuerpo se atormenta cuando el sufrimiento le invade,
se mece entre sogas anudadas,
escarcha anidada en los sentimientos
y venas ardientes que incineran un corazón atormentado.
La voz se esconde mientras susurra un eco de ayuda,
se aturde la mente en busca de una salida
que le sirva para encontrar un camino de evasión,
cualquier rasgo que le haga recuperar la razón.
La mirada se desvanece,
los ojos se ofuscan ante una situación nociva,
y lentamente, se humedecen,
se envuelven en pena y surge la lágrima.
Resbala con la inapetencia de un dolor profundo,
surca las heridas que la piel no es capaz de ocultar,
esquiva los labios incapaces de crear palabras
para terminar abatida en el acantilado de la tristeza.
Los ojos se inundan de tormenta,
en una cascada de desconsuelo y amargura,
donde un ejército de sollozos
invade el rostro de una tempestad de lágrimas sin aliento.
Y todo el cuerpo lo siente,
es asaltado por una riada de sentimientos rasgados,
por una borrasca sin consuelo
y el dolor rebelde de un cuerpo atorado.
El llanto se desborda entre el dolor y la angustia,
para, terminar secándose sobre una piel tullida y sumisa,
más el corazón sigue ahogándose en el diluvio
y el alma se inunda de las lágrimas que no se derraman.
No existe pañuelo alguno que la alivie.
ni las manos cuando se acobardan y tiemblan,
ni el cielo se vuelve niebla
cuando se esconde la luz del día.
El cuerpo se atormenta cuando el sufrimiento le invade,
se mece entre sogas anudadas,
escarcha anidada en los sentimientos
y venas ardientes que incineran un corazón atormentado.
La voz se esconde mientras susurra un eco de ayuda,
se aturde la mente en busca de una salida
que le sirva para encontrar un camino de evasión,
cualquier rasgo que le haga recuperar la razón.
La mirada se desvanece,
los ojos se ofuscan ante una situación nociva,
y lentamente, se humedecen,
se envuelven en pena y surge la lágrima.
Resbala con la inapetencia de un dolor profundo,
surca las heridas que la piel no es capaz de ocultar,
esquiva los labios incapaces de crear palabras
para terminar abatida en el acantilado de la tristeza.
Los ojos se inundan de tormenta,
en una cascada de desconsuelo y amargura,
donde un ejército de sollozos
invade el rostro de una tempestad de lágrimas sin aliento.
Y todo el cuerpo lo siente,
es asaltado por una riada de sentimientos rasgados,
por una borrasca sin consuelo
y el dolor rebelde de un cuerpo atorado.
El llanto se desborda entre el dolor y la angustia,
para, terminar secándose sobre una piel tullida y sumisa,
más el corazón sigue ahogándose en el diluvio
y el alma se inunda de las lágrimas que no se derraman.
No existe pañuelo alguno que la alivie.