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Estaciones (A Marisa Peral y Pilar Morte)

Publicado: Jue, 05 Nov 2026 10:22
por Ramón Castro Méndez
A Marisa Peral & Pilar Morte

I.

Me tengo prohibido morir en primavera,
solo busco una dulce tristeza cargada de flor.
El cielo respira la nieve que aún queda
en las más altas cumbres. Poco a poco despierta
mi pasada juventud dormida, y bajo la colina
que antes fue montaña. Todo lo que toco vuelve a la vida.
En estos campos que ahora son sol inextinguible,
dorado embrujo, se asoma la hiedra a estos oscuros
ventanales. Primavera, radiante manantial en tu alameda,
atas en mi pistilo y pétalo, la noche de tu canto, el suave
fulgor de las estrellas que anunciaban tu llegada,
y un Orlando furioso de marzo. En su recreo ambulante,
las voces alborotadas de los niños, todos eran tus hijos,
juegan a atrapar los primeros rayos de sol en un tarro
de cristal. Estalla en colores el mundo, el prado silencioso
se vuelve río de plateadas escamas. Acaso el corazón
dio luz a estos suaves arroyos que viven en mi casa
con tu nombre. El ojo agranda el paisaje, resuena
tu latido dejando sobre la tierra ecos de verdor.
Qué conjunción de astros tan magníficos ungió
tu cuerpo de fuego y de neones. ¿ De dónde vienes
primavera tan ruidosa y tan solemne como una misa
de doce?

Ruibarbo Pie de Xerez

II:

Vienes a cielo abierto derramando la luz
en tu fina acuarela con soles marinos en la alta mar
de tus días y pólvora en la noche. Tienes el alma azul.
Vienes de un pandemonio de hipocampos, hematíes
y luz eléctrica. Una lluvia de estrellas puras rayó tu cielo.
Labrado sobre tu piel un aroma a playas vírgenes.
Tu cuerpo de coral y fruta madura, tu humedad
de selva hermética. Sobre la desnudez del sol, sal
de maderas antiguas. Verano enjalbegado de pueblos
blancos, plenilunio de olas que granan como espigas.
Virgen de la resaca, bogan los marineros en este mar
de Ítaca que trae perfume en la mirada. Cae la tarde,
y el cielo se derrumba sobre los ventanales, abre brecha
e las brisas y a los templados soles. Por si no lo escucharas
hay una mina que bajo el mar, como un secreto,
pero arde siempre. El paisaje desgrana rescoldos de gladiolos
sobre una leve arquitectura de patios y enredaderas.
La noche abre sus dársenas a mostos y ventas.
Es tiempo de perseguir lagartijas entre las grietas
y las piedras de los muros.

Ta'Pa Ponga Mpape (Campu Casu)


III.

Me acercaré a ti casi tropezando, dando un traspié
en esta hora de cordura como un perro ciego
que cruza la avenida de equiláteros infinitos,
y tiemblan mis manos yermas como flor de espino.
El cuerpo hecho de otoño viejo, ya desgastado,
casi escombro, y manso leño, sombra lunar sin afuera
ni adentro. Vuela el otoño en su nido del cielo, pájaros
de domingo dibujan la ecuación celeste. Ya mido el tiempo
en gotas de agua lenta, a cada una de ellas su sólido perfume.
Aún quedan rastros de luz entre los puentes que la marea
no ha podido llevarse. Qué mareas vivas de mástiles azules,
que menguados los días sometidos a un puro afán de somnolencia
cuando el sol no a salido por hallarse enfermo,.
Las jornadas se llenan de bestias sin sentido, flores sin nombre
y los fantasmas de pasados otoños. Sueñan los hongos, líquenes
y musgos en el almirez del tiempo. Solo nos queda caminar
sin irse demasiado lejos. Pude pintar tus ojos del color del recuerdo,
sentir tu nuca descubierta con la que serenamente afrontar a la muerte
y del alto arce su melancolía. Observe la ocre y anaranjada cabellera
que formaban las hojas y como estas se venían sobre tu frente sacudidas
por el viento. En Artaud, el flaco lo decía, las hojas son del viento.
La vida es el tributo a pagar por caminar y palpar la tierra, que habita
nuestras vacías soledades.

El flaco que levita

IV.


De la noche perezosa, amaneció el invierno. Rauda avanza
la tiniebla que vino a mudarse conmigo En este mar de negaciones,
pude sentir tu ausencia, acaso como un escalofrío que desnudó
mi espalda. Entre un paspartú de nubes, el cielo arde como sombra
color de adormidera. Conozco, invierno, tus formas y tus guiños,
tu océano de voces en forma de ceniza, el grito que en ti se comprime
hasta volverse casi cuerpo. Tu- herrumbre como ala ciega, la nieve
como incendio de sombras y viento, tu sed de confusa cordillera,
el amargo llanto en tu garganta, tu aliento de metal herido por el rayo,
la fúnebre noche de tu canto, la piel fría como prisión de la memoria.
La luna hecha añicos en el nimbado rincón de las estrellas
de tu abismo que puso en mi fatal herida. El lento redor de mi agonía
donde el relámpago es un pálpito de oscuras ánforas. Llegas a mí
como triste esqueleto del árbol con la sangre helada de tu sueño,
como silente rosa de pedernal, como solitario y umbrío páramo
que en la luz acecha entre aullidos de lobos coronados por puñales.
Vienes a conectar el cielo y la tierra con tu mudez de falso sol,
a golpearme el pecho y oscurecer los días, y todo ha de colmarse
en este río de ausencias, que es tan solo el cuerpo del ahogado
que a la semana el mar devuelve.

Kazuhiko Okuno

Re: Estaciones (A Marisa Peral y Pilar Morte)

Publicado: Jue, 05 Nov 2026 11:24
por Marisa Peral
¡Madre del Amor hermoso!

Vivaldi a tus pies derrochando belleza.
Gracias por la dedicatoria y volveré con tiempo a degustar este exquisito regalo.
Besos.