El borrón
Publicado: Lun, 28 Sep 2026 0:33
Debería saber entender la plenitud de mi tiempo,
del que comparto con los demás y de aquel que debería utilizar para vivir.
La agenda de la vida no se escribe sin tinta
y esa tinta se forma conforme vamos dando pasos
para establecer el paradigma de la realidad,
la propia realidad y el sustento que mantiene viva la mente.
La parte denostada
y la que aún conserva un mínimo de pulcritud,
si es capaz de conseguirse,
es la que realmente nos hace sentir que sucede,
entonces es cuando la tinta exprime su acidez y realiza su primer borrón.
A pesar de ello,
con la ignorancia, que es incapaz de abandonarnos,
estamos encarcelados en la duda,
el entendimiento sigue un curso denostado,
como si estuviéramos dentro de una niebla profunda y espesa
donde somos incapaces de seguir la ruta
y la realidad permanece escondida permanentemente.
Y continuamos sin saber qué hacer con el tiempo,
o acaso avanzamos sin comprender como debemos usarlo,
más, en esa lucha, se nos va la vida
como un orificio por donde se derrama todo aquello que arrastramos,
que sentimos, que hacemos y no sabemos cómo acotar la fuga,
y la brisa nos daña, el sol nos deslumbra,
la tímida tarde nos aturde y el alquitrán de la noche nos invade.
El tiempo, el dulce, ácido y amargo tiempo,
aquel por el que luchas, aquel por el que sufres,
aquel que te maltrata,
se nos resbala entre los dedos de las manos,
como ese agua que rocía la escarcha de nuestro cuerpo.
Si no lo tienes, no lo puedes comprar, no lo puedes estirar,
sí dispones de lo justo, apenas lo disfrutas,
sí te sobra, ¡hay amigo si te sobra!
apenas se mueve, apenas avanza, apenas se vive,
y te martiriza,
te destruye cuando la soledad decide acompañarte,
te cubre de un manto arrugado, de una visión borrosa,
de un ayer sin pasado, de un presente encarcelado
y de un mañana incierto y sin futuro.
Es entonces cuando lo maldices,
cuando aún recuerdas el ayer no aprovechado,
el hoy, de grilletes y soledad
y tu mudez se humedece de lágrimas,
las arrugas de vejez y el día más brillante
de plumas negras de mirlos en un vuelo de migración sin retorno.
Y todo ese tiempo se acaba,
se acaba su tinta para dejar un último borrón.
Más volverá a amanecer de nuevo
y es seguro que habrá otro borrón,
comenzará otra vida repleta de dudas,
y aún no se sabrá qué hacer con el tiempo.
El cielo se cubrirá de plumas negras.
del que comparto con los demás y de aquel que debería utilizar para vivir.
La agenda de la vida no se escribe sin tinta
y esa tinta se forma conforme vamos dando pasos
para establecer el paradigma de la realidad,
la propia realidad y el sustento que mantiene viva la mente.
La parte denostada
y la que aún conserva un mínimo de pulcritud,
si es capaz de conseguirse,
es la que realmente nos hace sentir que sucede,
entonces es cuando la tinta exprime su acidez y realiza su primer borrón.
A pesar de ello,
con la ignorancia, que es incapaz de abandonarnos,
estamos encarcelados en la duda,
el entendimiento sigue un curso denostado,
como si estuviéramos dentro de una niebla profunda y espesa
donde somos incapaces de seguir la ruta
y la realidad permanece escondida permanentemente.
Y continuamos sin saber qué hacer con el tiempo,
o acaso avanzamos sin comprender como debemos usarlo,
más, en esa lucha, se nos va la vida
como un orificio por donde se derrama todo aquello que arrastramos,
que sentimos, que hacemos y no sabemos cómo acotar la fuga,
y la brisa nos daña, el sol nos deslumbra,
la tímida tarde nos aturde y el alquitrán de la noche nos invade.
El tiempo, el dulce, ácido y amargo tiempo,
aquel por el que luchas, aquel por el que sufres,
aquel que te maltrata,
se nos resbala entre los dedos de las manos,
como ese agua que rocía la escarcha de nuestro cuerpo.
Si no lo tienes, no lo puedes comprar, no lo puedes estirar,
sí dispones de lo justo, apenas lo disfrutas,
sí te sobra, ¡hay amigo si te sobra!
apenas se mueve, apenas avanza, apenas se vive,
y te martiriza,
te destruye cuando la soledad decide acompañarte,
te cubre de un manto arrugado, de una visión borrosa,
de un ayer sin pasado, de un presente encarcelado
y de un mañana incierto y sin futuro.
Es entonces cuando lo maldices,
cuando aún recuerdas el ayer no aprovechado,
el hoy, de grilletes y soledad
y tu mudez se humedece de lágrimas,
las arrugas de vejez y el día más brillante
de plumas negras de mirlos en un vuelo de migración sin retorno.
Y todo ese tiempo se acaba,
se acaba su tinta para dejar un último borrón.
Más volverá a amanecer de nuevo
y es seguro que habrá otro borrón,
comenzará otra vida repleta de dudas,
y aún no se sabrá qué hacer con el tiempo.
El cielo se cubrirá de plumas negras.