Octubre
Publicado: Dom, 27 Sep 2026 13:03
OCTUBRE
La tarde empezó a marcharse antes.
Primero fue la luz,
quedándose apenas
en el borde de las cosas.
Después, el aire,
con ese olor
de lo que está a punto de irse.
Y una mañana
supe que había llegado.
El otoño entró despacio,
rozando las ventanas,
dejando un poco de frío
en los lugares
donde aún quedaba verano.
Yo lo vi entrar
y no cerré la puerta.
Hubo un tiempo
en que octubre me dolía.
Me dolía la tarde
apagándose tan pronto,
los árboles desnudándose,
perdiendo lo suyo,
y esa manera del mundo
de quedarse un poco más solo.
Tal vez porque entonces
yo no sabía hacerlo.
Guardaba demasiado.
Nombres que ya no me nombraban.
Fotografías de personas
que habían dejado de mirarme así.
Palabras que conservaba
solo porque un día
me salvaron.
Creía que querer
era sujetar fuerte.
Ahora miro caer las hojas
y hay algo de mí
cayendo con ellas.
La mujer que fui.
Lo que esperé.
Lo que no pudo ser.
Aquello que amé tanto
que durante años
confundí su ausencia
con una herida.
Esta mañana
el aire olía a tierra,
a ropa húmeda,
a domingo.
Y no he echado de menos nada.
Me he quedado allí,
quieta,
mientras octubre
iba entrando en la casa.
Y he comprendido
que quizá envejecer sea esto:
dejar de contar
todo lo que se ha ido,
mirarse las manos vacías
y descubrir, al fin,
que todavía
son nuestras.
La tarde empezó a marcharse antes.
Primero fue la luz,
quedándose apenas
en el borde de las cosas.
Después, el aire,
con ese olor
de lo que está a punto de irse.
Y una mañana
supe que había llegado.
El otoño entró despacio,
rozando las ventanas,
dejando un poco de frío
en los lugares
donde aún quedaba verano.
Yo lo vi entrar
y no cerré la puerta.
Hubo un tiempo
en que octubre me dolía.
Me dolía la tarde
apagándose tan pronto,
los árboles desnudándose,
perdiendo lo suyo,
y esa manera del mundo
de quedarse un poco más solo.
Tal vez porque entonces
yo no sabía hacerlo.
Guardaba demasiado.
Nombres que ya no me nombraban.
Fotografías de personas
que habían dejado de mirarme así.
Palabras que conservaba
solo porque un día
me salvaron.
Creía que querer
era sujetar fuerte.
Ahora miro caer las hojas
y hay algo de mí
cayendo con ellas.
La mujer que fui.
Lo que esperé.
Lo que no pudo ser.
Aquello que amé tanto
que durante años
confundí su ausencia
con una herida.
Esta mañana
el aire olía a tierra,
a ropa húmeda,
a domingo.
Y no he echado de menos nada.
Me he quedado allí,
quieta,
mientras octubre
iba entrando en la casa.
Y he comprendido
que quizá envejecer sea esto:
dejar de contar
todo lo que se ha ido,
mirarse las manos vacías
y descubrir, al fin,
que todavía
son nuestras.