La mujer del espejo
Publicado: Vie, 14 Ago 2026 17:16
LA MUJER DEL ESPEJO
Esta mañana
una mujer me miró desde el espejo.
No la reconocí al principio.
Tenía mis ojos,
pero dentro de ellos
cabían demasiados años.
La miré despacio.
En su rostro
todavía quedaba algo
de aquella niña
que corría descalza
sin miedo a las heridas,
sin saber que un día
aprendería a llevarlas.
Y debajo de sus ojos
vi a la muchacha
que una vez creyó
que la vida empezaba
cada vez que abría una puerta.
Después aparecieron
otras.
Una mujer con los brazos llenos,
otra con las manos vacías.
Una que aprendió a quedarse
y otra que tuvo que aprender
a marcharse.
Todas estaban allí.
Ninguna decía nada.
Solo me miraban
desde el otro lado del cristal,
como si esperaran
que por fin las reconociera.
Una esperaba
con la luz encendida
cuando nadie venía.
La que cerró una puerta
y salió con dos manos pequeñas
aferradas a las suyas.
Hubo una
que volvió a mirarse al espejo
cuando pensaba
que ya no quedaba nada.
Y volvió a empezar.
Después estaba ella.
La de las manos ocupadas,
la de los días largos,
la que todavía encuentra
palabras donde otros
encuentran silencio.
La que escribe
cuando algo le arde dentro.
Entonces acerqué la mano.
El espejo estaba frío.
Y comprendí
que no era aquella mujer
la que me miraba.
Era yo
mirándolas a todas.
Y por primera vez
no quise apartar los ojos.
Esta mañana
una mujer me miró desde el espejo.
No la reconocí al principio.
Tenía mis ojos,
pero dentro de ellos
cabían demasiados años.
La miré despacio.
En su rostro
todavía quedaba algo
de aquella niña
que corría descalza
sin miedo a las heridas,
sin saber que un día
aprendería a llevarlas.
Y debajo de sus ojos
vi a la muchacha
que una vez creyó
que la vida empezaba
cada vez que abría una puerta.
Después aparecieron
otras.
Una mujer con los brazos llenos,
otra con las manos vacías.
Una que aprendió a quedarse
y otra que tuvo que aprender
a marcharse.
Todas estaban allí.
Ninguna decía nada.
Solo me miraban
desde el otro lado del cristal,
como si esperaran
que por fin las reconociera.
Una esperaba
con la luz encendida
cuando nadie venía.
La que cerró una puerta
y salió con dos manos pequeñas
aferradas a las suyas.
Hubo una
que volvió a mirarse al espejo
cuando pensaba
que ya no quedaba nada.
Y volvió a empezar.
Después estaba ella.
La de las manos ocupadas,
la de los días largos,
la que todavía encuentra
palabras donde otros
encuentran silencio.
La que escribe
cuando algo le arde dentro.
Entonces acerqué la mano.
El espejo estaba frío.
Y comprendí
que no era aquella mujer
la que me miraba.
Era yo
mirándolas a todas.
Y por primera vez
no quise apartar los ojos.