Él
Publicado: Lun, 03 Ago 2026 0:03
Él era la imagen denostada,
el tiesto seco de una triste mañana
y el color innatural de una mirada vergonzosa.
Él era un ayer encerrado,
el paseo nocturno de un sonámbulo
o la voz tartamuda de unas tímidas palabras.
Él era lo que el viento quisiera,
una camisa manía tendida de cualquier manera
o, tal vez, el tallo enfermo de un arbusto.
Él era la soledad, la silueta de la tristeza,
esa imagen sin reflejo que la conociera,
una mirada en lucha consigo mismo.
Él era muchos, era uno solo,
una piel en constante abandono,
una estación sin nadie a quien esperar en el andén.
Él no existía, o acaso anidaba sin él,
no se mojaba bajo la lluvia, ni sentía sed,
ni portaba fe, ni buscaba amparo.
Él andaba y andaba, sin saber hacia dónde ir,
con sus piernas delgadas, pisadas sin huella,
y los pies mugrientos de fango.
Él nunca entendió su existencia,
dejó su biografía tintada de sudor,
con la piel de dolor marcada,
la flor de una pasión marchita de ausencia,
la duda de su presencia huérfana de amor,
necesitado de la calidez de un abrazo,
ofuscado por lamentos de un pasado lejano.
Y él, aún se encierra en mi piel,
con la imagen denostada,
y una mirada sin reflejo
que aún lucha ante el espejo
en busca de un yo que encuentre su mañana.
el tiesto seco de una triste mañana
y el color innatural de una mirada vergonzosa.
Él era un ayer encerrado,
el paseo nocturno de un sonámbulo
o la voz tartamuda de unas tímidas palabras.
Él era lo que el viento quisiera,
una camisa manía tendida de cualquier manera
o, tal vez, el tallo enfermo de un arbusto.
Él era la soledad, la silueta de la tristeza,
esa imagen sin reflejo que la conociera,
una mirada en lucha consigo mismo.
Él era muchos, era uno solo,
una piel en constante abandono,
una estación sin nadie a quien esperar en el andén.
Él no existía, o acaso anidaba sin él,
no se mojaba bajo la lluvia, ni sentía sed,
ni portaba fe, ni buscaba amparo.
Él andaba y andaba, sin saber hacia dónde ir,
con sus piernas delgadas, pisadas sin huella,
y los pies mugrientos de fango.
Él nunca entendió su existencia,
dejó su biografía tintada de sudor,
con la piel de dolor marcada,
la flor de una pasión marchita de ausencia,
la duda de su presencia huérfana de amor,
necesitado de la calidez de un abrazo,
ofuscado por lamentos de un pasado lejano.
Y él, aún se encierra en mi piel,
con la imagen denostada,
y una mirada sin reflejo
que aún lucha ante el espejo
en busca de un yo que encuentre su mañana.