Aqueos recorriendo el mundo, desnudos
Publicado: Jue, 30 Jul 2026 15:12
Lagarto, se dijo, lagarto al sol.
No mentía el poeta; imaginaba. No
el sol, ese supuesto idóneo
de hornear lo vivo ―por el sol es
todo cuanto es. Cuán largo y limpio ese
devenir divino. ¿Es, para el lagarto,
divino, el sol? Quizá para el sacerdote, el pastor
de los rebaños grandes. Para el poeta
no. El poeta es pobre, nadie, se abanica
con el zapato o con el pedo, habla
balde, no cree ni le embauca el canto
de lo cierto. Y sufre, porque el mundo, ése
en qué se suelve con razón y su razón el ojo,
ése que embriaga con las vasijas a hectolitros
de magnitud y lo embellece y nos,
en el que amamos y somos, tal vez, amados,
ése, desencontró las nubes donde toda transcendencia
habita y dejó al rayo sólo en su lugar,
que ensordece y ciega y hiere y quema, y deposita,
brillante, ceniza tras de sí, guerra
como la sola casa solariega de lo que amor
puede amar. El lagarto
se demora al sol. Se calienta. Y le basta.
Dila en alta voz, esa palabra con la que se enciende el mar.
,
No mentía el poeta; imaginaba. No
el sol, ese supuesto idóneo
de hornear lo vivo ―por el sol es
todo cuanto es. Cuán largo y limpio ese
devenir divino. ¿Es, para el lagarto,
divino, el sol? Quizá para el sacerdote, el pastor
de los rebaños grandes. Para el poeta
no. El poeta es pobre, nadie, se abanica
con el zapato o con el pedo, habla
balde, no cree ni le embauca el canto
de lo cierto. Y sufre, porque el mundo, ése
en qué se suelve con razón y su razón el ojo,
ése que embriaga con las vasijas a hectolitros
de magnitud y lo embellece y nos,
en el que amamos y somos, tal vez, amados,
ése, desencontró las nubes donde toda transcendencia
habita y dejó al rayo sólo en su lugar,
que ensordece y ciega y hiere y quema, y deposita,
brillante, ceniza tras de sí, guerra
como la sola casa solariega de lo que amor
puede amar. El lagarto
se demora al sol. Se calienta. Y le basta.
Dila en alta voz, esa palabra con la que se enciende el mar.
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