La noche abierta
Publicado: Vie, 03 Jul 2026 20:56
...
Es aquí, cuando la casa
termina por vaciarse
de todo lo que durante el día reclama mi nombre.
Cuando la noche empieza de verdad.
Cuando ya no queda nadie esperando nada de mí,
ni siquiera yo.
Las preguntas llegan entonces,
con la calma de las cosas que han aprendido
que tarde o temprano terminaré quedándome
a su lado.
Cierro los ojos y me voy.
No sabría decir adónde.
Es un lugar que no está lejos,
pero al que sólo puedo llegar
cuando el ruido deja de confundirme con la vida.
Hay algo extraño en ese momento.
Como si el tiempo,
cansado de empujar siempre hacia delante,
decidiera por fin sentarse conmigo.
Recuerdo la noche.
Recuerdo mis pasos.
Recuerdo voces
que ya no sé si pertenecen al pasado
o si todavía siguen buscándome
desde algún lugar donde el tiempo continúa ocurriendo
de otra manera.
Y poco a poco
todo encuentra la distancia exacta
desde la que puede ser mirado.
Las cosas que hice.
Las que no hice.
Las que aún esperan.
Todo permanece.
Pero deja de ocupar el centro.
Durante demasiado tiempo
creí que vivir consistía en sostener el mundo
para que no se cayera.
Y sin embargo el mundo sigue ahí,
respirando
con una tranquilidad que nunca le pedí prestada.
La casa.
La noche.
El aire entrando por la ventana entreabierta.
Algún coche perdido a lo lejos.
Nada sucede.
Abro los ojos.
Todo continúa exactamente igual.
Y por primera vez en mucho tiempo,
descubro
que yo también puedo quedarme.
Quizá todas las noches
guardaban ya esta misma claridad.
Uno tarda una vida
en reconocer su mundo
como la noche
recibe la primera luz de las estrellas.
.
.
.
Es aquí, cuando la casa
termina por vaciarse
de todo lo que durante el día reclama mi nombre.
Cuando la noche empieza de verdad.
Cuando ya no queda nadie esperando nada de mí,
ni siquiera yo.
Las preguntas llegan entonces,
con la calma de las cosas que han aprendido
que tarde o temprano terminaré quedándome
a su lado.
Cierro los ojos y me voy.
No sabría decir adónde.
Es un lugar que no está lejos,
pero al que sólo puedo llegar
cuando el ruido deja de confundirme con la vida.
Hay algo extraño en ese momento.
Como si el tiempo,
cansado de empujar siempre hacia delante,
decidiera por fin sentarse conmigo.
Recuerdo la noche.
Recuerdo mis pasos.
Recuerdo voces
que ya no sé si pertenecen al pasado
o si todavía siguen buscándome
desde algún lugar donde el tiempo continúa ocurriendo
de otra manera.
Y poco a poco
todo encuentra la distancia exacta
desde la que puede ser mirado.
Las cosas que hice.
Las que no hice.
Las que aún esperan.
Todo permanece.
Pero deja de ocupar el centro.
Durante demasiado tiempo
creí que vivir consistía en sostener el mundo
para que no se cayera.
Y sin embargo el mundo sigue ahí,
respirando
con una tranquilidad que nunca le pedí prestada.
La casa.
La noche.
El aire entrando por la ventana entreabierta.
Algún coche perdido a lo lejos.
Nada sucede.
Abro los ojos.
Todo continúa exactamente igual.
Y por primera vez en mucho tiempo,
descubro
que yo también puedo quedarme.
Quizá todas las noches
guardaban ya esta misma claridad.
Uno tarda una vida
en reconocer su mundo
como la noche
recibe la primera luz de las estrellas.
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