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Lo animálico

Publicado: Mié, 01 Jul 2026 22:33
por A. Satír
Este es el nuevo mundo.

Aquí yace lo primitivo,
los alejados del vientre;
acá caminan los rechazados,
los que olvidaron comer el fruto,
los que soportamos lo telúrico
cuando todo caía.

Corren por nuestros cuerpos
las derrotas.
Sembramos, bajo cielo nocturno,
serpientes escamadas,
cuando llovían ojos de caballos,
cuando el diluvio se llevaba
nuestros pies de cigarra,
donde la tarde era de cuero mojado,
hambre y tabaco caliente.

Somos ánimas, viejo amigo,
una pulsión que nos devora.

Somos el temor del otro lado del cristal,
pero no donde estamos.
Me sigue una pantera dondequiera,
pero no temo.

Los huesos de las rosas
no creen en el cementerio.

El cuervo del atardecer devora la luna,
escupe su brillo sobre el estero
donde pescábamos,
donde bebíamos la sangre de los peces.

No pueden acusarme de nada,
todo fue con mi consentimiento.

Lo hice porque me mordían los lobos de la bruma,
porque me partí los pies cruzando el río.

Aún me sangra la mano con la que maté aquella tórtola.

Era un niño jugando,
no pueden acusarme de nada,
no sabía que dolería tanto:
décadas, quizá siglos,
esta cuncuna negra que me crece en la palma,
un recordatorio,
una apertura carnal como una emboscada,
grieta atemporal,
como una mantis interna
que se carcome a si misma.

Re: Lo animálico

Publicado: Jue, 02 Jul 2026 11:01
por Alejandro Costa
Es increíble que esté poema no tenga comentarios.

Lo pongo a volar.

Me ha encantado, sobre todo las metáforas, son muy buenas.

Un abrazo.

Re: Lo animálico

Publicado: Dom, 05 Jul 2026 15:22
por E. R. Aristy
A. Satír escribió: Mié, 01 Jul 2026 22:33 Este es el nuevo mundo.

Aquí yace lo primitivo,
los alejados del vientre;
acá caminan los rechazados,
los que olvidaron comer el fruto,
los que soportamos lo telúrico
cuando todo caía.

Corren por nuestros cuerpos
las derrotas.
Sembramos, bajo cielo nocturno,
serpientes escamadas,
cuando llovían ojos de caballos,
cuando el diluvio se llevaba
nuestros pies de cigarra,
donde la tarde era de cuero mojado,
hambre y tabaco caliente.

Somos ánimas, viejo amigo,
una pulsión que nos devora.

Somos el temor del otro lado del cristal,
pero no donde estamos.
Me sigue una pantera dondequiera,
pero no temo.

Los huesos de las rosas
no creen en el cementerio.

El cuervo del atardecer devora la luna,
escupe su brillo sobre el estero
donde pescábamos,
donde bebíamos la sangre de los peces.

No pueden acusarme de nada,
todo fue con mi consentimiento.

Lo hice porque me mordían los lobos de la bruma,
porque me partí los pies cruzando el río.

Aún me sangra la mano con la que maté aquella tórtola.

Era un niño jugando,
no pueden acusarme de nada,
no sabía que dolería tanto:
décadas, quizá siglos,
esta cuncuna negra que me crece en la palma,
un recordatorio,
una apertura carnal como una emboscada,
grieta atemporal,
como una mantis interna
que se carcome a si misma.
Un poema excelso. Muy cargado de simbolos y un desarrollo simple pero lleno de espinas en complejidad y verdades. Me gusta porque en forma satirica asume toda la responsabilidad, no culpa, no llora, no se queja
Es un poema para leer o no leer porque es impactante su desquicio y su razonamiento
Es la verdad que algunos no se atreven a contemplar. Abrazos, Satir.

Re: Lo animálico

Publicado: Dom, 05 Jul 2026 19:51
por Diego Martin Galvez
Tu texto construye una imaginería potente y sostenida desde lo telúrico y lo arcaico, con una voz que oscila entre lo confesional y lo mítico. Hay una densidad simbólica constante (vientre, diluvio, pantera, cuervo, huesos, serpientes) que va generando un universo cerrado, casi de origen o post-catástrofe, donde el sujeto lírico aparece como sobreviviente de una violencia anterior no del todo explicada.
Destaca especialmente la tensión entre culpa y desresponsabilización: “No pueden acusarme de nada / todo fue con mi consentimiento”, que introduce un quiebre ético interesante dentro del flujo imagético. Allí el poema pasa de lo visionario a lo confesional, sin perder del todo su registro simbólico.
También es fuerte la insistencia en la corporalidad degradada (sangre, huesos, heridas, mordida, grieta), que funciona como eje unificador del discurso, aunque por momentos la acumulación de imágenes tiende a saturar y diluir el foco emocional de ciertas secuencias.
El cierre citado refuerza una deriva más íntima y biográfica dentro de un texto que, en su mayor parte, opera en clave más mitológica. Esa transición es uno de los puntos más interesantes del poema, porque tensiona lo universal con lo personal.
Un trabajo intenso, con imágenes muy logradas y una voz reconocible.
E. R. Aristy escribió: Dom, 05 Jul 2026 15:22
A. Satír escribió: Mié, 01 Jul 2026 22:33 Este es el nuevo mundo.

Aquí yace lo primitivo,
los alejados del vientre;
acá caminan los rechazados,
los que olvidaron comer el fruto,
los que soportamos lo telúrico
cuando todo caía.

Corren por nuestros cuerpos
las derrotas.
Sembramos, bajo cielo nocturno,
serpientes escamadas,
cuando llovían ojos de caballos,
cuando el diluvio se llevaba
nuestros pies de cigarra,
donde la tarde era de cuero mojado,
hambre y tabaco caliente.

Somos ánimas, viejo amigo,
una pulsión que nos devora.

Somos el temor del otro lado del cristal,
pero no donde estamos.
Me sigue una pantera dondequiera,
pero no temo.

Los huesos de las rosas
no creen en el cementerio.

El cuervo del atardecer devora la luna,
escupe su brillo sobre el estero
donde pescábamos,
donde bebíamos la sangre de los peces.

No pueden acusarme de nada,
todo fue con mi consentimiento.

Lo hice porque me mordían los lobos de la bruma,
porque me partí los pies cruzando el río.

Aún me sangra la mano con la que maté aquella tórtola.

Era un niño jugando,
no pueden acusarme de nada,
no sabía que dolería tanto:
décadas, quizá siglos,
esta cuncuna negra que me crece en la palma,
un recordatorio,
una apertura carnal como una emboscada,
grieta atemporal,
como una mantis interna
que se carcome a si misma.
Un poema excelso. Muy cargado de simbolos y un desarrollo simple pero lleno de espinas en complejidad y verdades. Me gusta porque en forma satirica asume toda la responsabilidad, no culpa, no llora, no se queja
Es un poema para leer o no leer porque es impactante su desquicio y su razonamiento
Es la verdad que algunos no se atreven a contemplar. Abrazos, Satir.
Un saludo.

Tu texto construye una imaginería potente y sostenida desde lo telúrico y lo arcaico, con una voz que oscila entre lo confesional y lo mítico. Hay una densidad simbólica constante (vientre, diluvio, pantera, cuervo, huesos, serpientes) que va generando un universo cerrado, casi de origen o post-catástrofe, donde el sujeto lírico aparece como sobreviviente de una violencia anterior no del todo explicada.
Destaca especialmente la tensión entre culpa y desresponsabilización: “No pueden acusarme de nada / todo fue con mi consentimiento”, que introduce un quiebre ético interesante dentro del flujo imagético. Allí el poema pasa de lo visionario a lo confesional, sin perder del todo su registro simbólico.
También es fuerte la insistencia en la corporalidad degradada (sangre, huesos, heridas, mordida, grieta), que funciona como eje unificador del discurso, aunque por momentos la acumulación de imágenes tiende a saturar y diluir el foco emocional de ciertas secuencias.
El cierre citado refuerza una deriva más íntima y biográfica dentro de un texto que, en su mayor parte, opera en clave más mitológica. Esa transición es uno de los puntos más interesantes del poema, porque tensiona lo universal con lo personal.
Un trabajo intenso, con imágenes muy logradas y una voz reconocible.
Un saludo.

Re: Lo animálico

Publicado: Lun, 06 Jul 2026 13:01
por Silvia Savall
A. Satír escribió: Mié, 01 Jul 2026 22:33 Este es el nuevo mundo.

Aquí yace lo primitivo,
los alejados del vientre;
acá caminan los rechazados,
los que olvidaron comer el fruto,
los que soportamos lo telúrico
cuando todo caía.

Corren por nuestros cuerpos
las derrotas.
Sembramos, bajo cielo nocturno,
serpientes escamadas,
cuando llovían ojos de caballos,
cuando el diluvio se llevaba
nuestros pies de cigarra,
donde la tarde era de cuero mojado,
hambre y tabaco caliente.

Somos ánimas, viejo amigo,
una pulsión que nos devora.

Somos el temor del otro lado del cristal,
pero no donde estamos.
Me sigue una pantera dondequiera,
pero no temo.

Los huesos de las rosas
no creen en el cementerio.

El cuervo del atardecer devora la luna,
escupe su brillo sobre el estero
donde pescábamos,
donde bebíamos la sangre de los peces.

No pueden acusarme de nada,
todo fue con mi consentimiento.

Lo hice porque me mordían los lobos de la bruma,
porque me partí los pies cruzando el río.

Aún me sangra la mano con la que maté aquella tórtola.

Era un niño jugando,
no pueden acusarme de nada,
no sabía que dolería tanto:
décadas, quizá siglos,
esta cuncuna negra que me crece en la palma,
un recordatorio,
una apertura carnal como una emboscada,
grieta atemporal,
como una mantis interna
que se carcome a si misma.
Me quito el sombrero compañero. Qué preciosidad de poema. Las metáforas son increibles. Me ha gustado muchísimo. Felicidades. Un abrazo grande.

Re: Lo animálico

Publicado: Lun, 06 Jul 2026 14:54
por Julio Bonal
Hermoso poema, fluido y de acertado ritmo, elevado por metáforas poéticas excelentes.

Una abraçada.,

Re: Lo animálico

Publicado: Lun, 06 Jul 2026 16:38
por A. Satír
Muchas gracias a cada uno de ustedes compañeros por tomarse el tiempo de leer, comentar, dejarme una crítica constructiva, por apoyar lo que hago, de verdad muchas gracias.

Un abrazo a todos
Satír.