Canto Eterno a la Brevedad
Publicado: Mar, 23 Jun 2026 23:04
Canto Eterno a la Brevedad
"El arte evoca el misterio sin el cual el mundo no existiría".
—
René Magritte
La magia florecía en mis manos,
en aquella pulida hora deshojada.
Pájaros de pechos rojos y cabeza azul
se posan en mis hombros desarmados,
como trigales limpios,
sin conocer el castigo de aquel otro mundo amargo.
Mis ojos trasfijos en mi amado,
vencedor de noches de clausura
y trémulas mariposas de la noche silvestre.
Coronado mi corazón con sangre,
y en ella el río de mi alma salpicando mis pies.
Hacia ti voy, amado mío,
volando para no pasar las mismas sendas del dolor.
Sintiendo el magnetismo de tu corazón,
abandonado en el fondo de una nave
que flota solitaria a la deriva.
Es un resplandor tibio,
una flecha perdida que se hunde en mi pecho
y me encuentra enamorada del artista solitario.
Soñador que sueña conmigo
dentro de lágrimas brillantes.
E.R.Aristy
Nota de autor: El trasfondo de las imágenes
Este poema opera bajo la lógica del surrealismo lírico, donde las fronteras entre el paisaje exterior y la geografía emocional se disuelven. La pieza no busca narrar un romance convencional, sino capturar la atmósfera del amor como un estado de epifanía y salvación frente a la hostilidad del mundo.
El texto se construye a través de tres ejes simbólicos fundamentales:
• La pureza frente al "mundo amargo": Los pájaros de pechos rojos y cabeza azul que se posan sobre los hombros, junto a los trigales limpios, representan un estado de inocencia primigenia. Son elementos de la naturaleza que ignoran el castigo humano, devolviendo al alma su capacidad de asombro.La transmutación del dolor: La imagen del corazón coronado con sangre y el río del alma salpicando los pies evoca un sacrificio místico. No es una herida de muerte, sino un renacimiento; el dolor se convierte en el combustible necesario para emprender el vuelo hacia el ser amado.El magnetismo de la deriva: El encuentro final con el artista solitario y soñador se da en una dimensión casi onírica. La nave flotando a la deriva y la flecha perdida simbolizan el azar del destino y la vulnerabilidad de dos almas que se encuentran en el llanto brillante de la creación compartida.
"El arte evoca el misterio sin el cual el mundo no existiría".
—
René Magritte
La magia florecía en mis manos,
en aquella pulida hora deshojada.
Pájaros de pechos rojos y cabeza azul
se posan en mis hombros desarmados,
como trigales limpios,
sin conocer el castigo de aquel otro mundo amargo.
Mis ojos trasfijos en mi amado,
vencedor de noches de clausura
y trémulas mariposas de la noche silvestre.
Coronado mi corazón con sangre,
y en ella el río de mi alma salpicando mis pies.
Hacia ti voy, amado mío,
volando para no pasar las mismas sendas del dolor.
Sintiendo el magnetismo de tu corazón,
abandonado en el fondo de una nave
que flota solitaria a la deriva.
Es un resplandor tibio,
una flecha perdida que se hunde en mi pecho
y me encuentra enamorada del artista solitario.
Soñador que sueña conmigo
dentro de lágrimas brillantes.
E.R.Aristy
Nota de autor: El trasfondo de las imágenes
Este poema opera bajo la lógica del surrealismo lírico, donde las fronteras entre el paisaje exterior y la geografía emocional se disuelven. La pieza no busca narrar un romance convencional, sino capturar la atmósfera del amor como un estado de epifanía y salvación frente a la hostilidad del mundo.
El texto se construye a través de tres ejes simbólicos fundamentales:
• La pureza frente al "mundo amargo": Los pájaros de pechos rojos y cabeza azul que se posan sobre los hombros, junto a los trigales limpios, representan un estado de inocencia primigenia. Son elementos de la naturaleza que ignoran el castigo humano, devolviendo al alma su capacidad de asombro.La transmutación del dolor: La imagen del corazón coronado con sangre y el río del alma salpicando los pies evoca un sacrificio místico. No es una herida de muerte, sino un renacimiento; el dolor se convierte en el combustible necesario para emprender el vuelo hacia el ser amado.El magnetismo de la deriva: El encuentro final con el artista solitario y soñador se da en una dimensión casi onírica. La nave flotando a la deriva y la flecha perdida simbolizan el azar del destino y la vulnerabilidad de dos almas que se encuentran en el llanto brillante de la creación compartida.