Sigilo
Publicado: Dom, 21 Jun 2026 10:46
Cuando te miro veo la penumbra
en la casa que oculta tu mirada,
dentro de la belleza de otro tiempo
adherido al instinto más atávico.
Y tú, desde el sigilo, me contemplas
en medio de la nada.
Salvando la distancia de la tarde
que propone el umbral de las caricias.
Suena la melodía de la sangre,
ancestral en su esencia,
que nos lleva por mundos extinguidos
donde los pensamientos se diluyen.
La historia nos contiene en sus mareas.
Descubrimos los reinos prehistóricos,
así como mazmorras medievales
y la luz espectral renacentista.
Atravesamos siglos y costumbres
donde todo es antiguo, inamovible,
también momentos cumbre del trayecto
que inspiran creación y aperturismo.
Sabemos que el amor es una estrella
que pugna por nacer desde la carne
y hacerse compatible con el cosmos
a través del latido de la vida.
Me besas sin saber de supernovas,
te rozo cabalgando en nebulosas
y cúmulos con polvo de asteroides,
para soñar despiertos, sin heridas.
Abrazamos el alma de los púlsares
en mitad de la niebla existencial
y llegamos a un puerto sin naufragio
donde todo es de luz y ya no hay traumas.
Divisamos tentáculos de arena
y presagios con rayos de crepúsculo
que nos permiten ser entre la bruma
y resistir lo oscuro de suburbios.
La sordidez que pugna por matarnos
nos envuelve en un viaje sorprendente
donde todo es eterno y no hay desgaste,
por el pacto invisible sin edad.
Somos hijos del sol y de la luna,
adoramos el arte y el silencio,
amamos sin firmar los jeroglíficos
y existimos sin grandes protocolos.
Ana Muela Sopeña
en la casa que oculta tu mirada,
dentro de la belleza de otro tiempo
adherido al instinto más atávico.
Y tú, desde el sigilo, me contemplas
en medio de la nada.
Salvando la distancia de la tarde
que propone el umbral de las caricias.
Suena la melodía de la sangre,
ancestral en su esencia,
que nos lleva por mundos extinguidos
donde los pensamientos se diluyen.
La historia nos contiene en sus mareas.
Descubrimos los reinos prehistóricos,
así como mazmorras medievales
y la luz espectral renacentista.
Atravesamos siglos y costumbres
donde todo es antiguo, inamovible,
también momentos cumbre del trayecto
que inspiran creación y aperturismo.
Sabemos que el amor es una estrella
que pugna por nacer desde la carne
y hacerse compatible con el cosmos
a través del latido de la vida.
Me besas sin saber de supernovas,
te rozo cabalgando en nebulosas
y cúmulos con polvo de asteroides,
para soñar despiertos, sin heridas.
Abrazamos el alma de los púlsares
en mitad de la niebla existencial
y llegamos a un puerto sin naufragio
donde todo es de luz y ya no hay traumas.
Divisamos tentáculos de arena
y presagios con rayos de crepúsculo
que nos permiten ser entre la bruma
y resistir lo oscuro de suburbios.
La sordidez que pugna por matarnos
nos envuelve en un viaje sorprendente
donde todo es eterno y no hay desgaste,
por el pacto invisible sin edad.
Somos hijos del sol y de la luna,
adoramos el arte y el silencio,
amamos sin firmar los jeroglíficos
y existimos sin grandes protocolos.
Ana Muela Sopeña