De Pétalos y Engranajes
Publicado: Vie, 12 Jun 2026 23:22
Me pediste que hablara de las rosas de mi jardín y yo las he metido en la celda de un poema.
Vivir una ausencia
mi reloj gira a la izquierda,
los pies reculan
y saltan en cajas adoptivas
de ropa usada
que huele a desván.
No me conformo
con piezas de vidas rotas,
con besos de tercera mano
con hurgar en los desguaces
de vuestro día a día.
Pero sigo girando a la izquierda
extraviada en el engranaje
de sonrisas artesanas.
Y quién sabe cómo
a veces, solo a veces,
consigo girar
hacia la derecha.
Nos ignoramos
como el mar al acantilado
tropezando inmensas veces con el viento.
Ahogados en el mar
de un millón de palabras.
Encarcelados en una celda de sabiduría.
Ellos, pétalos de rosas,
que aprenden a crecer juntos
desde lo hondo
hacia la altura
como crecen versos y destinos.
Y me dejo mecer
—como por ansia—
en un mar
de aromas, cabellos
y brazos que escapan
y tornan, otra vez,
como en un juego.
Este es mi jardín.
Huele
Pero tiene bombillas de colores.
Mi jardín huele
pero no juegan niños en su espalda.
Quiero limpiarme las narices.
No sale nada. Meto el dedo.
Un montón de palabras
—chatarra carbonizada—
cada una en su justo sitio.
Me rindo,
busco un chantaje
para estrenar
el tiempo que me queda.
Vosotros, pétalos, en la celda.

Vivir una ausencia
mi reloj gira a la izquierda,
los pies reculan
y saltan en cajas adoptivas
de ropa usada
que huele a desván.
No me conformo
con piezas de vidas rotas,
con besos de tercera mano
con hurgar en los desguaces
de vuestro día a día.
Pero sigo girando a la izquierda
extraviada en el engranaje
de sonrisas artesanas.
Y quién sabe cómo
a veces, solo a veces,
consigo girar
hacia la derecha.
Nos ignoramos
como el mar al acantilado
tropezando inmensas veces con el viento.
Ahogados en el mar
de un millón de palabras.
Encarcelados en una celda de sabiduría.
Ellos, pétalos de rosas,
que aprenden a crecer juntos
desde lo hondo
hacia la altura
como crecen versos y destinos.
Y me dejo mecer
—como por ansia—
en un mar
de aromas, cabellos
y brazos que escapan
y tornan, otra vez,
como en un juego.
Este es mi jardín.
Huele
Pero tiene bombillas de colores.
Mi jardín huele
pero no juegan niños en su espalda.
Quiero limpiarme las narices.
No sale nada. Meto el dedo.
Un montón de palabras
—chatarra carbonizada—
cada una en su justo sitio.
Me rindo,
busco un chantaje
para estrenar
el tiempo que me queda.
Vosotros, pétalos, en la celda.
