Amar amor
Publicado: Lun, 08 Jun 2026 17:08
AMAR AMOR
Había un acto lúcido en el atardecer,
como una magia que ardía,
y la palabra caía lenta,
mojada de saliva y de verdad.
Todo parecía más inocente entonces,
como si el azar eligiera las historias
y el mundo no supiera aún su peso.
Nada importaba demasiado,
solo el deseo de seguir mirando,
como quien abre un libro sin saber
que está entrando en su propia memoria.
El amor era un puente de humo
cruzando lentamente mis inviernos.
A veces tenía la forma
de una casa encendida en mitad del bosque,
otras,
la de un río oscuro buscando el norte.
Tu voz era una lámpara de aceite
ardiendo dentro de mis noches,
y yo,
una ventana abierta esperando su luz.
Nos amábamos como dos espejos frente a frente,
multiplicando el infinito.
Tu cuerpo era un territorio de mareas,
una geografía de sal y relámpagos,
y mis manos, aves perdidas,
buscando refugio en la sombra.
Éramos dos náufragos
bebiendo del mismo resplandor,
dos árboles heridos
uniendo raíces bajo la tierra.
Y aun cuando callábamos,
el amor seguía creciendo,
como la hiedra sobre las ruinas,
como el musgo paciente
sobre una piedra antigua.
Porque amar era caer
dentro de un mismo cielo
y aun así
sentir que por fin
algo nos sostenía.
Había un acto lúcido en el atardecer,
como una magia que ardía,
y la palabra caía lenta,
mojada de saliva y de verdad.
Todo parecía más inocente entonces,
como si el azar eligiera las historias
y el mundo no supiera aún su peso.
Nada importaba demasiado,
solo el deseo de seguir mirando,
como quien abre un libro sin saber
que está entrando en su propia memoria.
El amor era un puente de humo
cruzando lentamente mis inviernos.
A veces tenía la forma
de una casa encendida en mitad del bosque,
otras,
la de un río oscuro buscando el norte.
Tu voz era una lámpara de aceite
ardiendo dentro de mis noches,
y yo,
una ventana abierta esperando su luz.
Nos amábamos como dos espejos frente a frente,
multiplicando el infinito.
Tu cuerpo era un territorio de mareas,
una geografía de sal y relámpagos,
y mis manos, aves perdidas,
buscando refugio en la sombra.
Éramos dos náufragos
bebiendo del mismo resplandor,
dos árboles heridos
uniendo raíces bajo la tierra.
Y aun cuando callábamos,
el amor seguía creciendo,
como la hiedra sobre las ruinas,
como el musgo paciente
sobre una piedra antigua.
Porque amar era caer
dentro de un mismo cielo
y aun así
sentir que por fin
algo nos sostenía.