Oración para el día siguiente ( a Silvia Savall)
Publicado: Vie, 08 May 2026 3:02
A Silvia Savall
Sales del ocaso hasta llegar a la lábil selva del olvido.
Sabes del crepuscular claustro de abstractas multitudes
y de esas rosas apagadas, sin orgullo, del cegador neón
de las avenidas, de los yunques como metales de fe ciega,
de la oscura magia del menhir.
Tú que pusiste nombre a cada una de las mariposas
que brotaron de tus labios.
Querías hacer del destino sólida espina dorsal de tu universo,
síntesis de margaritas y salamandras llenándose de noche.
Querías guardar entre tus manos la soledad de un momento,
de una agotadora tarde de septiembre en la playa.
Observas como va creciendo el enjambre de madreselvas
ocultas bajo el ábside perdido a la vuelta de un jardín,
pero aún no sabes del amor y sus puñales,
tu corazón con su coraza, apenas un amar al descuido
hace honor a tanta maldita herencia manuscrita.
Sabes de la sonoridad del miedo, donde has escrito
tu música concreta, del eco de los bosques
y su lenguaje de mandolinas, gaitas y violines.
Muéstrame su cadáver sin sangre bajo esa luz
de luna de cosecha, quizás azul como brisa de mar,
y el encendido cielo de luto en un lunes bocabajo.
Kazuhiko Okuno, un lunes boca arriba
Sales del ocaso hasta llegar a la lábil selva del olvido.
Sabes del crepuscular claustro de abstractas multitudes
y de esas rosas apagadas, sin orgullo, del cegador neón
de las avenidas, de los yunques como metales de fe ciega,
de la oscura magia del menhir.
Tú que pusiste nombre a cada una de las mariposas
que brotaron de tus labios.
Querías hacer del destino sólida espina dorsal de tu universo,
síntesis de margaritas y salamandras llenándose de noche.
Querías guardar entre tus manos la soledad de un momento,
de una agotadora tarde de septiembre en la playa.
Observas como va creciendo el enjambre de madreselvas
ocultas bajo el ábside perdido a la vuelta de un jardín,
pero aún no sabes del amor y sus puñales,
tu corazón con su coraza, apenas un amar al descuido
hace honor a tanta maldita herencia manuscrita.
Sabes de la sonoridad del miedo, donde has escrito
tu música concreta, del eco de los bosques
y su lenguaje de mandolinas, gaitas y violines.
Muéstrame su cadáver sin sangre bajo esa luz
de luna de cosecha, quizás azul como brisa de mar,
y el encendido cielo de luto en un lunes bocabajo.
Kazuhiko Okuno, un lunes boca arriba