La vida nace para morir en una orilla
Publicado: Lun, 13 Abr 2026 11:52
La vida nace para morir en una orilla
con la tristeza como quiste de un mal feliz,
con una inexistencia donde la ausencia brilla
haciéndola infeliz.
El día es el socorro que nos ofrece el cielo,
la flor que en el enjambre sucio nace del barro,
que se revuelve, vive y muere en señal de duelo,
y sufre en su desgarro.
En las manos existe el poder de la amistad,
unas venas de seda riegan savia de sangre
y así nutre de amor al dolor y enemistad,
para que no desangre.
Son los ojos espejo de alma del ser humano,
la luz iluminada, la sombra gris del rostro,
la lágrima muerta entre los dedos de una mano,
miradas sin enrostro. (1)
En el corazón muere la brisa de los vientos,
y es tan amargo el sorbo que llena la tristeza
que el cuerpo no controla nunca los sentimientos
que le atan con firmeza.
No existe alma que aguante la deuda de la muerte,
porque no existe río que no encuentre su cauce,
ni hay nada que después te devuelva aún más fuerte,
ni sol que alumbre al sauce.
Ante las pesadillas delira la cabeza,
es terrible el dolor del silencio inusitado
cuando alguna tormenta detona la crudeza
de un cerebro arruinado.
No se sufre dolor por todo lo que se siente,
el cuerpo no se esconde porque la piel fallece,
mordemos tanto polvo de este lugar doliente,
que el amor no florece.
Gritamos al luchar por aquello ya perdido,
peleamos rabiosos sin poder de victoria,
para caer cansado, vencido y malherido,
para olvidar la gloria.
¿Dónde duermen los huesos yertos de los valientes?
¿las manos agrietadas en la faz de los nichos?
¿dónde aquellos abrazos olvidados y ardientes?
¿cómo agriar(2) a esos bichos?
Fueron campos de espinas de pétalos sedosos
los que fe cultivaron con la lucha y el amor,
aquellos perseguidos de muerte y los acosos,
vestidos de dolor.
La aurora excita un cielo que ya de azul no viste,
el mar está furioso, locuaz, lleno de espuma,
los bosques se han dormido, la flor marchita triste,
lento el mundo se esfuma.
Y vuelan corazones repletos de ternura,
con los brazos abiertos y manos extendidas
con la piel erizada, colmados de alma pura,
alentando aún vidas.
(1) Reprochar, recriminar, afear
(2) Envenenar
con la tristeza como quiste de un mal feliz,
con una inexistencia donde la ausencia brilla
haciéndola infeliz.
El día es el socorro que nos ofrece el cielo,
la flor que en el enjambre sucio nace del barro,
que se revuelve, vive y muere en señal de duelo,
y sufre en su desgarro.
En las manos existe el poder de la amistad,
unas venas de seda riegan savia de sangre
y así nutre de amor al dolor y enemistad,
para que no desangre.
Son los ojos espejo de alma del ser humano,
la luz iluminada, la sombra gris del rostro,
la lágrima muerta entre los dedos de una mano,
miradas sin enrostro. (1)
En el corazón muere la brisa de los vientos,
y es tan amargo el sorbo que llena la tristeza
que el cuerpo no controla nunca los sentimientos
que le atan con firmeza.
No existe alma que aguante la deuda de la muerte,
porque no existe río que no encuentre su cauce,
ni hay nada que después te devuelva aún más fuerte,
ni sol que alumbre al sauce.
Ante las pesadillas delira la cabeza,
es terrible el dolor del silencio inusitado
cuando alguna tormenta detona la crudeza
de un cerebro arruinado.
No se sufre dolor por todo lo que se siente,
el cuerpo no se esconde porque la piel fallece,
mordemos tanto polvo de este lugar doliente,
que el amor no florece.
Gritamos al luchar por aquello ya perdido,
peleamos rabiosos sin poder de victoria,
para caer cansado, vencido y malherido,
para olvidar la gloria.
¿Dónde duermen los huesos yertos de los valientes?
¿las manos agrietadas en la faz de los nichos?
¿dónde aquellos abrazos olvidados y ardientes?
¿cómo agriar(2) a esos bichos?
Fueron campos de espinas de pétalos sedosos
los que fe cultivaron con la lucha y el amor,
aquellos perseguidos de muerte y los acosos,
vestidos de dolor.
La aurora excita un cielo que ya de azul no viste,
el mar está furioso, locuaz, lleno de espuma,
los bosques se han dormido, la flor marchita triste,
lento el mundo se esfuma.
Y vuelan corazones repletos de ternura,
con los brazos abiertos y manos extendidas
con la piel erizada, colmados de alma pura,
alentando aún vidas.
(1) Reprochar, recriminar, afear
(2) Envenenar