No quiero cuentas...
Publicado: Lun, 06 Abr 2026 21:33
Cuando me muera no me echéis más cuentas
y olvidad mis agravios;
recordadme los unos de noviembre
con un simple y cordial: ¡qué bueno era!
y perdonad si os desatiendo un poco
en lo que voy aclimatando el cuerpo
a la aventura de la vida eterna.
Cuando me muera, de poder ser, quiero
un bar abierto veinticuatro horas
junto a mi tumba en donde nunca falten
vino, cerveza, whisky y pan bendito.
Pero entretanto que me llega el día
de irme a la gloria, si me sale a cuenta
y os doy por culo, recordad que os quiero
más incluso que al calcio de mis propios huesos,
pero la carne ante el pecado es débil
y antes que el rabo siempre viene el toro.
Cuando me muera, desde allá ande vaya,
voy a estar siempre vigilando el patio;
al que se olvide de rezarme un día
me le aparezco por la noche y juro
que ese se caga por la pata abajo;
ojo que nadie me regale flores
porque las pillo con jarrón y todo,
se las envuelvo con sus propias tripas,
y se las echo con un caldo al perro.
Cuando me muera, en resumidas cuentas,
no quiero cuentas;
sólo sentarme con el Padre a solas
junto al estanque de un jardín del cielo
para que aclare este millón de dudas
que me atormentan sobre el ser humano
y su sentido en el latir del cosmos...
y olvidad mis agravios;
recordadme los unos de noviembre
con un simple y cordial: ¡qué bueno era!
y perdonad si os desatiendo un poco
en lo que voy aclimatando el cuerpo
a la aventura de la vida eterna.
Cuando me muera, de poder ser, quiero
un bar abierto veinticuatro horas
junto a mi tumba en donde nunca falten
vino, cerveza, whisky y pan bendito.
Pero entretanto que me llega el día
de irme a la gloria, si me sale a cuenta
y os doy por culo, recordad que os quiero
más incluso que al calcio de mis propios huesos,
pero la carne ante el pecado es débil
y antes que el rabo siempre viene el toro.
Cuando me muera, desde allá ande vaya,
voy a estar siempre vigilando el patio;
al que se olvide de rezarme un día
me le aparezco por la noche y juro
que ese se caga por la pata abajo;
ojo que nadie me regale flores
porque las pillo con jarrón y todo,
se las envuelvo con sus propias tripas,
y se las echo con un caldo al perro.
Cuando me muera, en resumidas cuentas,
no quiero cuentas;
sólo sentarme con el Padre a solas
junto al estanque de un jardín del cielo
para que aclare este millón de dudas
que me atormentan sobre el ser humano
y su sentido en el latir del cosmos...