Las venas abiertas de las mujeres
Publicado: Vie, 06 Mar 2026 1:27
I
Hay ojos de mujer
sentenciados a vagar en la penumbra
y mujeres momificadas en vida
por la acentuada sordera
de hombres con revólveres
girando alrededor de su ombligo.
II
Hay piel de mujer
calcinada como un desierto
por la endémica pesadilla
que es la vida patas arriba
y mujeres viejas a los treinta años
con la espalda de un camello.
III
Hay manos de mujer
que crían niños mientras trabajan
en el campo y mujeres, casi niñas,
encadenadas todo el día
a una máquina que es también
su casa, su lecho y su tumba.
IV
Hay pies de mujer
descalzos -decir “quiero agua”
no basta- en busca de un manantial
y mujeres mulas de carga
rumbo al lejano mercado,
solas vadeando el río
contándole cuentos al sol, al aire,
al árbol y al agua para que duerma
el niño, para que el miedo huya,
para que el tiempo pase.
V
Hay cuerpos de mujer
que nunca sabrán de orgasmos
y mujeres que no encuentran
la salida del laberinto
y son violadas por monstruos
cuyas sucias cabezas vacías
giran como peonzas
por las tarimas de los burdeles.
VI
Hay llanto, mucho llanto de mujer
cuando acecha el gran tiburón
y mujeres que no quieren ser princesas
y sí alpinistas con piolet
para escalar la estrecha cabeza
del hombre y confirmar
cómo a los pies de la cima
comienza un rastro indigno de nada.
VII
Hay hijos de una mujer, aún pequeños
y desmedidamente alegres,
pero su silencio hoy es atroz
como la puta vida cuando ya es tarde
y mujeres tras la puerta
que, arrancadas del tiempo de los vivos,
dejan ríos de sangre
que van a dar a la mar que es el morir
y tumbas con su nombre y dolor
que es flor inútil en una tierra sin matices.
VIII
Hay puños de mujer,
prisioneros como un mar entre cuatro paredes,
que quisieran desencadenar su cólera
destruyendo el pecho de los hombres
y mujeres con las venas abiertas
-las que han sido y las que aún son-
que quieren repoblar de significados
el diezmado futuro y hacer del mundo
un buen acuerdo humano irrigando raíces
y alimentando conciencias,
rompiendo techos y barriendo prejuicios,
destapando velos y exigiendo igualdades,
golpeando entrepiernas y suprimiendo barreras,
azuzando batallas y alentando revueltas
mientras luchan con afilados discursos
contra el sucio relente de unos hombres
cuyos pies terribles insisten en romper,
ensuciar, aplastar, deshacer, violar y matar
la esperanza, la ilusión y la dicha.
Hay ojos de mujer
sentenciados a vagar en la penumbra
y mujeres momificadas en vida
por la acentuada sordera
de hombres con revólveres
girando alrededor de su ombligo.
II
Hay piel de mujer
calcinada como un desierto
por la endémica pesadilla
que es la vida patas arriba
y mujeres viejas a los treinta años
con la espalda de un camello.
III
Hay manos de mujer
que crían niños mientras trabajan
en el campo y mujeres, casi niñas,
encadenadas todo el día
a una máquina que es también
su casa, su lecho y su tumba.
IV
Hay pies de mujer
descalzos -decir “quiero agua”
no basta- en busca de un manantial
y mujeres mulas de carga
rumbo al lejano mercado,
solas vadeando el río
contándole cuentos al sol, al aire,
al árbol y al agua para que duerma
el niño, para que el miedo huya,
para que el tiempo pase.
V
Hay cuerpos de mujer
que nunca sabrán de orgasmos
y mujeres que no encuentran
la salida del laberinto
y son violadas por monstruos
cuyas sucias cabezas vacías
giran como peonzas
por las tarimas de los burdeles.
VI
Hay llanto, mucho llanto de mujer
cuando acecha el gran tiburón
y mujeres que no quieren ser princesas
y sí alpinistas con piolet
para escalar la estrecha cabeza
del hombre y confirmar
cómo a los pies de la cima
comienza un rastro indigno de nada.
VII
Hay hijos de una mujer, aún pequeños
y desmedidamente alegres,
pero su silencio hoy es atroz
como la puta vida cuando ya es tarde
y mujeres tras la puerta
que, arrancadas del tiempo de los vivos,
dejan ríos de sangre
que van a dar a la mar que es el morir
y tumbas con su nombre y dolor
que es flor inútil en una tierra sin matices.
VIII
Hay puños de mujer,
prisioneros como un mar entre cuatro paredes,
que quisieran desencadenar su cólera
destruyendo el pecho de los hombres
y mujeres con las venas abiertas
-las que han sido y las que aún son-
que quieren repoblar de significados
el diezmado futuro y hacer del mundo
un buen acuerdo humano irrigando raíces
y alimentando conciencias,
rompiendo techos y barriendo prejuicios,
destapando velos y exigiendo igualdades,
golpeando entrepiernas y suprimiendo barreras,
azuzando batallas y alentando revueltas
mientras luchan con afilados discursos
contra el sucio relente de unos hombres
cuyos pies terribles insisten en romper,
ensuciar, aplastar, deshacer, violar y matar
la esperanza, la ilusión y la dicha.