Página 1 de 1

Y no sé por qué

Publicado: Dom, 22 Feb 2026 3:02
por Horacio O'Clock
Una urraca revoloteaba a mi alrededor
mientras yo le susurraba una canción al silencio.
El silencio, dando un portazo,
se adentró en el aire cuando mi conversación
derivó hacia el árbol que iba a plantar: un árbol lento,
paciente, de amplia sombra, mi legado.

De pronto, la urraca lanzó un graznido al viento
como de risa y me robaron la memoria
junto con las últimas palabras.
Pudieron ser hombres con cara de asesinos
llamando a la puerta
o una furiosa serpiente de espuma,
yo escapando de la muerte,
o la misma urraca, hábil imitadora.
Al instante, me quedé sin nombre y sin mí y sin sentido
mientras mi sombra se despegaba de mis pies
y se alejaba colina abajo.

Ahora, durante la primera mitad del día
me hago las mismas preguntas una y otra vez,
bien alto y claro para que el temblor de mi voz
no se note cuando lleguen a las más altas instancias
de algún lugar de mi mente.
También las escribo sobre un trozo de papel
de forma automática y no sé por qué,
aunque aquí están como prueba del delito que nunca cometí:

¿Qué plantas eran medicinales y cuáles ponzoñosas?,
¿he fumado alguna vez o vestido traje y corbata
o levantado un castillo de arena?, ¿fui acaso alfarero?,
¿o más bien filósofo?, ¿y si poeta tal vez?,
¿y por qué no más pobre que un mendigo?

¿Qué fue del beso silencioso de los árboles,
de la feliz transparencia del aire y del mar
donde mi cuerpo estuvo en vida a merced de las olas?

¿Dónde fue a parar el río luminoso
que amaba las riberas?,
¿dónde la tierra fresca y olorosa, siempre verde,
sustentando pies que no dañan?

¿Por qué nada sé de la tempestuosa lluvia
que descendía cantando para que el asfalto
fuera un mar nocturno en el que se reflejaran
las mujeres como lunas preservando los paisajes
o de nanas al viento acunando el dulce sueño de los niños?


Por otro lado, el silencio me reclama
que le susurre una canción todos los días
y una semilla de árbol me pide con insistencia
que la plante y no sé por qué y, sin pensar
si la vida es un sueño o viceversa o si, tal vez,
me hallo mecido por el sueño de la muerte,
gasto la otra mitad de mi existencia diaria
sin goce ni sonrisas, indolente y en una calma vacía
hasta que la luz se duerme, en contemplar a las urracas.

Y aunque una vaga esperanza acuna mi cuerpo
y no sé por qué, la realidad es que me alimento
de pan a secas cuando no me lo roban
los amaneceres furtivos
o los niños hambrientos de la nieve
o los gusanos que huyen del queso.
Tengo ojos de juguete tras la única ventana
de una casa de cartón y soy el hombre
que habla como las ranas,
cuyo grito siempre ha pasado desapercibido.
Atrapado en un espejo,
me acosan un tren de medianoche
y una espada maldita, y vivo en guerra amarga
con las gentes vacilantes y miedosas
que por venganza se dedican a rasgar páginas
de los libros que aún no he escrito.

Lo cierto es que, desde que me hurtaron la memoria,
ya no sé nada de nada
ni por qué cuento esta historia,
cuya moraleja desconozco,
ni cuál es el camino de vuelta.
Sí que tengo clara una cosa: superviviente soy
en una tierra ignota donde he descubierto que la palabra
conserva aún su brillo
y las nubes siguen siendo nubes;
donde los vehículos son elefantes inofensivos,
el humo huele a azahar
y, cuando toca el suelo, muda en perlas de rocío.
Solo por eso vale la pena que de mis labios
brote, y no sé por qué, la poesía.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Dom, 22 Feb 2026 9:44
por Ramón Carballal
Tu poema tiene unas atractivas imágenes que atrapan al lector. Es casi como un cuento lo que aquí describes y también una especie de análisis metafórico de la existencia, algo que transita entre la realidad y el sueño. Me gustó mucho. Un abrazo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Lun, 23 Feb 2026 12:00
por Horacio O'Clock
Es un metapoema y un poema narrativo, filosófico, existencialista y tambien es un vino joven que necesita ir madurando.
Muchas gracias, amigo Ramón, por tu magnífico y sabio comentario.
Un cordial saludo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Lun, 23 Feb 2026 13:12
por Marisa Peral
Tiene tanto por descubrir este poema que hay que volver a él para descifrar y aprender, para imaginar y dudar.
Pero no sé por qué... a mi me ha gustado mucho y volveré.

Felicidades, Horacio.
Un cordial saludo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Lun, 23 Feb 2026 18:50
por Alejandro Costa
Tampoco yo lo sé.

Lo que sí sé es que este poema de larga escritura y de carácter existencial no te deja como si nada.

Te hace pensar y, cuando lo cierras, sacas esa vena de la que dispone el poeta y, como poeta, lo encierras en tu escrito.

El poema está muy bien construido y la llama poética se encuentra en cada verso, en cada estrofa nueva.

En general es un buen escrito; de tu escritura, después de leerte varias veces, no me extraña.

Lo dicho, extenso y magnífico trabajo.

Un abrazo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Lun, 23 Feb 2026 19:11
por J. J. Martínez Ferreiro
Hay poesía de todo pelaje, y si está bien escrita y tiene intención, voluntad férrea de contarnos algo, sea racional o irracional, y está bien escrita, es buena. Pero mi preferencia va por aquella donde los versos surgen inesperados por “imposibles” en su propuesta imaginativa. Para mí este tipo de lenguaje es el lleva en su armadura los brillos inconfundibles del hecho poético, y este poema es un claro ejemplo de ello.
Te felicito, amigo Horacio.

Un abrazo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Mar, 24 Feb 2026 18:33
por Fernando Marcos Rentero
Gran historia en magnifica narrativa nos traes amigo Horacio. La he disfrutado, gracias. Un abrazo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Mar, 24 Feb 2026 19:37
por Àlex Gállego
Me encantó el poema, Horacio. Leyendo, me sentí tocando el cielo y el suelo a la misma vez. Gracias por compartirlo.

Un abrazo

Re: Y no sé por qué

Publicado: Mar, 24 Feb 2026 20:42
por Hallie Hernández Alfaro
Horacio O'Clock escribió: Dom, 22 Feb 2026 3:02 Una urraca revoloteaba a mi alrededor
mientras yo le susurraba una canción al silencio.
El silencio, dando un portazo,
se adentró en el aire cuando mi conversación
derivó hacia el árbol que iba a plantar: un árbol lento,
paciente, de amplia sombra, mi legado.

De pronto, la urraca lanzó un graznido al viento
como de risa y me robaron la memoria
junto con las últimas palabras.
Pudieron ser hombres con cara de asesinos
llamando a la puerta
o una furiosa serpiente de espuma,
yo escapando de la muerte,
o la misma urraca, hábil imitadora.
Al instante, me quedé sin nombre y sin mí y sin sentido
mientras mi sombra se despegaba de mis pies
y se alejaba colina abajo.

Ahora, durante la primera mitad del día
me hago las mismas preguntas una y otra vez,
bien alto y claro para que el temblor de mi voz
no se note cuando lleguen a las más altas instancias
de algún lugar de mi mente.
También las escribo sobre un trozo de papel
de forma automática y no sé por qué,
aunque aquí están como prueba del delito que nunca cometí:

¿Qué plantas eran medicinales y cuáles ponzoñosas?,
¿he fumado alguna vez o vestido traje y corbata
o levantado un castillo de arena?, ¿fui acaso alfarero?,
¿o más bien filósofo?, ¿y si poeta tal vez?,
¿y por qué no más pobre que un mendigo?

¿Qué fue del beso silencioso de los árboles,
de la feliz transparencia del aire y del mar
donde mi cuerpo estuvo en vida a merced de las olas?

¿Dónde fue a parar el río luminoso
que amaba las riberas?,
¿dónde la tierra fresca y olorosa, siempre verde,
sustentando pies que no dañan?

¿Por qué nada sé de la tempestuosa lluvia
que descendía cantando para que el asfalto
fuera un mar nocturno en el que se reflejaran
las mujeres como lunas preservando los paisajes
o de nanas al viento acunando el dulce sueño de los niños?


Por otro lado, el silencio me reclama
que le susurre una canción todos los días
y una semilla de árbol me pide con insistencia
que la plante y no sé por qué y, sin pensar
si la vida es un sueño o viceversa o si, tal vez,
me hallo mecido por el sueño de la muerte,
gasto la otra mitad de mi existencia diaria
sin goce ni sonrisas, indolente y en una calma vacía
hasta que la luz se duerme, en contemplar a las urracas.

Y aunque una vaga esperanza acuna mi cuerpo
y no sé por qué, la realidad es que me alimento
de pan a secas cuando no me lo roban
los amaneceres furtivos
o los niños hambrientos de la nieve
o los gusanos que huyen del queso.
Tengo ojos de juguete tras la única ventana
de una casa de cartón y soy el hombre
que habla como las ranas,
cuyo grito siempre ha pasado desapercibido.
Atrapado en un espejo,
me acosan un tren de medianoche
y una espada maldita, y vivo en guerra amarga
con las gentes vacilantes y miedosas
que por venganza se dedican a rasgar páginas
de los libros que aún no he escrito.

Lo cierto es que, desde que me hurtaron la memoria,
ya no sé nada de nada
ni por qué cuento esta historia,
cuya moraleja desconozco,
ni cuál es el camino de vuelta.
Sí que tengo clara una cosa: superviviente soy
en una tierra ignota donde he descubierto que la palabra
conserva aún su brillo
y las nubes siguen siendo nubes;
donde los vehículos son elefantes inofensivos,
el humo huele a azahar
y, cuando toca el suelo, muda en perlas de rocío.
Solo por eso vale la pena que de mis labios
brote, y no sé por qué, la poesía.
Jo, pero qué maravilla de poema; sí, se desdobla para ser, se insemina en las pupilas...conecta con albor, vida y sombras. Regresa y hace que las células más puras recobren su aliento.
Horacio, te debo mi sinceridad más absoluta: creo que has creado una semilla trascendental.
Ovación sostenida hasta que lloren las palmas.

Un abrazo.

Re: Y no sé por qué

Publicado: Mar, 24 Feb 2026 22:45
por Francisco Javier Costa
Horacio O'Clock escribió: Dom, 22 Feb 2026 3:02 Una urraca revoloteaba a mi alrededor
mientras yo le susurraba una canción al silencio.
El silencio, dando un portazo,
se adentró en el aire cuando mi conversación
derivó hacia el árbol que iba a plantar: un árbol lento,
paciente, de amplia sombra, mi legado.

De pronto, la urraca lanzó un graznido al viento
como de risa y me robaron la memoria
junto con las últimas palabras.
Pudieron ser hombres con cara de asesinos
llamando a la puerta
o una furiosa serpiente de espuma,
yo escapando de la muerte,
o la misma urraca, hábil imitadora.
Al instante, me quedé sin nombre y sin mí y sin sentido
mientras mi sombra se despegaba de mis pies
y se alejaba colina abajo.

Ahora, durante la primera mitad del día
me hago las mismas preguntas una y otra vez,
bien alto y claro para que el temblor de mi voz
no se note cuando lleguen a las más altas instancias
de algún lugar de mi mente.
También las escribo sobre un trozo de papel
de forma automática y no sé por qué,
aunque aquí están como prueba del delito que nunca cometí:

¿Qué plantas eran medicinales y cuáles ponzoñosas?,
¿he fumado alguna vez o vestido traje y corbata
o levantado un castillo de arena?, ¿fui acaso alfarero?,
¿o más bien filósofo?, ¿y si poeta tal vez?,
¿y por qué no más pobre que un mendigo?

¿Qué fue del beso silencioso de los árboles,
de la feliz transparencia del aire y del mar
donde mi cuerpo estuvo en vida a merced de las olas?

¿Dónde fue a parar el río luminoso
que amaba las riberas?,
¿dónde la tierra fresca y olorosa, siempre verde,
sustentando pies que no dañan?

¿Por qué nada sé de la tempestuosa lluvia
que descendía cantando para que el asfalto
fuera un mar nocturno en el que se reflejaran
las mujeres como lunas preservando los paisajes
o de nanas al viento acunando el dulce sueño de los niños?


Por otro lado, el silencio me reclama
que le susurre una canción todos los días
y una semilla de árbol me pide con insistencia
que la plante y no sé por qué y, sin pensar
si la vida es un sueño o viceversa o si, tal vez,
me hallo mecido por el sueño de la muerte,
gasto la otra mitad de mi existencia diaria
sin goce ni sonrisas, indolente y en una calma vacía
hasta que la luz se duerme, en contemplar a las urracas.

Y aunque una vaga esperanza acuna mi cuerpo
y no sé por qué, la realidad es que me alimento
de pan a secas cuando no me lo roban
los amaneceres furtivos
o los niños hambrientos de la nieve
o los gusanos que huyen del queso.
Tengo ojos de juguete tras la única ventana
de una casa de cartón y soy el hombre
que habla como las ranas,
cuyo grito siempre ha pasado desapercibido.
Atrapado en un espejo,
me acosan un tren de medianoche
y una espada maldita, y vivo en guerra amarga
con las gentes vacilantes y miedosas
que por venganza se dedican a rasgar páginas
de los libros que aún no he escrito.

Lo cierto es que, desde que me hurtaron la memoria,
ya no sé nada de nada
ni por qué cuento esta historia,
cuya moraleja desconozco,
ni cuál es el camino de vuelta.
Sí que tengo clara una cosa: superviviente soy
en una tierra ignota donde he descubierto que la palabra
conserva aún su brillo
y las nubes siguen siendo nubes;
donde los vehículos son elefantes inofensivos,
el humo huele a azahar
y, cuando toca el suelo, muda en perlas de rocío.
Solo por eso vale la pena que de mis labios
brote, y no sé por qué, la poesía.
Estimado Horacio:

Esta urraca tuya, te ha incitado a cometer un hurto a tu imaginación. Tus versos, tu poema completo, es un alarde de fantasía, realidad aderezadas de sensibilidad, que construyen una historia de inesperados giros, simbolismos y metáforas, que logran comunicar al lector, un estaxis que lo conducen a un final apoteósico.
Por muchos motivos vale la pena que de mis labios
brote, y no sé por qué, la poesía.

Muchas veces, el poeta desconoce los motivos de su creación.

Felicidad, amigo.

Saludos