Todavía el cuerpo
Publicado: Mié, 18 Feb 2026 10:38
...
Hace mucho tiempo que el mundo se apoya
sobre tu frente transparente,
algo frágil que no pesa
en la almohada encendida de mi consciencia.
Reposa ahí, en esa zona
donde el deseo no duerme
solo aprende a esperar.
Todavía el cuerpo no se ha ido del todo.
Sigue aquí,
ocupando ese espacio silencioso de cercanía contenida,
en esa forma desnuda de insinuar sin defensa,
de abrir una rendija
y retirarse
dejando la piel alerta.
Jugamos a no amarnos,
mientras jugábamos a amarnos.
A medir la distancia exacta
para que todo gire
sin romperse,
en un fuego añil que nos consume
a la vez que nos deja girando,
muy cerca,
sin nada que nos ate.
Y llegan las palabras
encendidas,
queman y dan risa
a la vez,
se quedan en la boca
mientras el deseo asciende
sin encontrar cuerpo donde posarse.
Y aun así,
una esperanza escondida nos va arrastrando los años
con una paciencia obstinada,
como si supiera
que el tiempo también puede ser una forma fiel de encontrarse.
El cuerpo recuerda sin nostalgia
el gesto oculto en la boca,
aprende a sostener otra intensidad,
más lenta, más consciente,
igual de viva.
Y tan solo
tu sonrisa enlatada me atraviesa.
No es amor. No es renuncia.
Es el tiempo
aprendiendo a quedarse en el cuerpo,
respirando.
Recordándome
que el infinito no está lejos,
tan solo en la presión exacta
de tus dedos, suspendidos,
sobre la cima del mundo.
.
.
.
Hace mucho tiempo que el mundo se apoya
sobre tu frente transparente,
algo frágil que no pesa
en la almohada encendida de mi consciencia.
Reposa ahí, en esa zona
donde el deseo no duerme
solo aprende a esperar.
Todavía el cuerpo no se ha ido del todo.
Sigue aquí,
ocupando ese espacio silencioso de cercanía contenida,
en esa forma desnuda de insinuar sin defensa,
de abrir una rendija
y retirarse
dejando la piel alerta.
Jugamos a no amarnos,
mientras jugábamos a amarnos.
A medir la distancia exacta
para que todo gire
sin romperse,
en un fuego añil que nos consume
a la vez que nos deja girando,
muy cerca,
sin nada que nos ate.
Y llegan las palabras
encendidas,
queman y dan risa
a la vez,
se quedan en la boca
mientras el deseo asciende
sin encontrar cuerpo donde posarse.
Y aun así,
una esperanza escondida nos va arrastrando los años
con una paciencia obstinada,
como si supiera
que el tiempo también puede ser una forma fiel de encontrarse.
El cuerpo recuerda sin nostalgia
el gesto oculto en la boca,
aprende a sostener otra intensidad,
más lenta, más consciente,
igual de viva.
Y tan solo
tu sonrisa enlatada me atraviesa.
No es amor. No es renuncia.
Es el tiempo
aprendiendo a quedarse en el cuerpo,
respirando.
Recordándome
que el infinito no está lejos,
tan solo en la presión exacta
de tus dedos, suspendidos,
sobre la cima del mundo.
.
.
.