Un gato siempre es gato...
Publicado: Lun, 09 Feb 2026 20:52
Un gato nunca está donde no quiere
ni donde no le quieren;
jamás pide limosna ni se arrastra por comida,
un gato siempre es gato;
te sabe hacer sentir que él es quien manda
con un simple maullido,
robar tu corazón sin ni mirarte
y hacer tu casa suya sin firmar contrato alguno
ni darte un puto duro.
Un gato siempre es gato
del rabo a los bigotes;
si tiene que dormir, duerme quince horas,
si tiene que cazar, saca las uñas
y pone la ciudad patas arriba,
pero eso sí, con calma, sin agobios,
que el estrés y las prisas no hacen migas
con ese cuerpo estrecho indescifrable
que Dios le dio por traje;
ser gato no es misión para cualquiera,
tan sólo para expertos y elegidos.
Un gato no pregunta si le quieres,
se sabe imprescindible;
un gato no se acuesta, se derrama,
se estira en el sofá, después se enrosca,
y escapa al más allá a cazar fantasmas
con un ojo cerrado y otro abierto
por si en cualquier momento de la noche
se desordena el orden.
Un gato no se muere si no es hora
ni viene al mundo a nada;
no aprende a pescozones
ni a gritos ni a ladridos;
un gato siempre es gato,
no tiene que rendir cuentas a nadie
ni quiere ser más nada, sólo gato;
que no le venga nadie a dar lecciones,
¿quién sabe más que un gato
de cosas que los libros no te enseñan?
Un gato raramente se equivoca
cuando entra en casa de alguien;
le sobra todo el tiempo y no lo pierde
jamás en no vivirlo;
disfruta atormentando a los ratones
y hablando con los muertos;
un gato siempre es gato,
excepto cuando va al veterinario,
que no sé por qué ley jamás escrita,
se convierte en un tigre.
Un gato siempre es gato,
un gato siempre es gato y sabe serlo
hasta cuando le clava el infortunio
sus garras despiadadas;
tan sólo se doblega cuando el aire
no alcanza a sus pulmones...
ni donde no le quieren;
jamás pide limosna ni se arrastra por comida,
un gato siempre es gato;
te sabe hacer sentir que él es quien manda
con un simple maullido,
robar tu corazón sin ni mirarte
y hacer tu casa suya sin firmar contrato alguno
ni darte un puto duro.
Un gato siempre es gato
del rabo a los bigotes;
si tiene que dormir, duerme quince horas,
si tiene que cazar, saca las uñas
y pone la ciudad patas arriba,
pero eso sí, con calma, sin agobios,
que el estrés y las prisas no hacen migas
con ese cuerpo estrecho indescifrable
que Dios le dio por traje;
ser gato no es misión para cualquiera,
tan sólo para expertos y elegidos.
Un gato no pregunta si le quieres,
se sabe imprescindible;
un gato no se acuesta, se derrama,
se estira en el sofá, después se enrosca,
y escapa al más allá a cazar fantasmas
con un ojo cerrado y otro abierto
por si en cualquier momento de la noche
se desordena el orden.
Un gato no se muere si no es hora
ni viene al mundo a nada;
no aprende a pescozones
ni a gritos ni a ladridos;
un gato siempre es gato,
no tiene que rendir cuentas a nadie
ni quiere ser más nada, sólo gato;
que no le venga nadie a dar lecciones,
¿quién sabe más que un gato
de cosas que los libros no te enseñan?
Un gato raramente se equivoca
cuando entra en casa de alguien;
le sobra todo el tiempo y no lo pierde
jamás en no vivirlo;
disfruta atormentando a los ratones
y hablando con los muertos;
un gato siempre es gato,
excepto cuando va al veterinario,
que no sé por qué ley jamás escrita,
se convierte en un tigre.
Un gato siempre es gato,
un gato siempre es gato y sabe serlo
hasta cuando le clava el infortunio
sus garras despiadadas;
tan sólo se doblega cuando el aire
no alcanza a sus pulmones...