El tulipán que nos engaña
Publicado: Mar, 03 Feb 2026 20:29
Estoy
y mi aspecto es calor,
olor, tensa mudez. Observo
el tulipán que nos engaña.
Siento un relincho de ballenas
su fértil inutilidad
retumbando las tierras bajas,
donde yacen tirados los días que ya viví.
Después de tanto años, vengo
como el mar predispuesto para una orgía,
con el traje sin importancia
de los bailarines cuando danzan;
regreso lleno de turbantes,
como los aires del desierto;
vengo con la extrañeza
que mira las miradas sin pensar,
y el silencio que amplía la torsión
de una campana enloquecida.
Ahora, después de tanto tiempo,
alzan mis manos la dulce y sorda luz del tacto.
Es verdad, muchas veces acaricio
pieles delicadas, y plumas que apenas me sostienen.
Ahora, después de tantos años,
me incrustaré entre las rendijas
de la madera oscura, accederé sin miedo
a los más íntimos abismos del paso que no pasa,
del camino que borra los pasos.
Penetra el día balbuciente;
entre los pliegues va su aroma.
A un lado corre el agua,
al otro, el viento.
Al frente, el charco que hierve las palabras.
Ya soy lo que amanece,
la devoción de estas luces que pienso,
la mano hacia delante, siempre abierta.
y mi aspecto es calor,
olor, tensa mudez. Observo
el tulipán que nos engaña.
Siento un relincho de ballenas
su fértil inutilidad
retumbando las tierras bajas,
donde yacen tirados los días que ya viví.
Después de tanto años, vengo
como el mar predispuesto para una orgía,
con el traje sin importancia
de los bailarines cuando danzan;
regreso lleno de turbantes,
como los aires del desierto;
vengo con la extrañeza
que mira las miradas sin pensar,
y el silencio que amplía la torsión
de una campana enloquecida.
Ahora, después de tanto tiempo,
alzan mis manos la dulce y sorda luz del tacto.
Es verdad, muchas veces acaricio
pieles delicadas, y plumas que apenas me sostienen.
Ahora, después de tantos años,
me incrustaré entre las rendijas
de la madera oscura, accederé sin miedo
a los más íntimos abismos del paso que no pasa,
del camino que borra los pasos.
Penetra el día balbuciente;
entre los pliegues va su aroma.
A un lado corre el agua,
al otro, el viento.
Al frente, el charco que hierve las palabras.
Ya soy lo que amanece,
la devoción de estas luces que pienso,
la mano hacia delante, siempre abierta.