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Arado #10

Publicado: Lun, 02 Feb 2026 19:52
por Àlex Gállego
Cuando bucees en la piscina de mi barrio
con el pecho a ras de suelo de su fondo,
verás sus miliún azulejos.
Si llevas la gafas limpias y sin nieblas por el vaho,
encontrarás encerrados en cada uno de ellos mis demonios.
Bajo esos 625 metros cúbicos
me desintegré los caminos del cerebro,
colapsando y renaciendo
hasta dejar un rastro de prisionero que cuenta los días encerrado,
hasta salir a tomar aire
-autobendecido-
con la extraña capacidad de enseñar los dientes al mundo,
en lugar de lágrimas perpetuas en mis mejillas
como barniz en la madera.

Desde ese día me atrevo a caminar hacia mi nueva casa,
sin música ni pensamientos,
con el pelo aún mojado y olor a cloro en la piel.
Porque al fin entendí cómo devolver la deuda
y por fin me veo reflejado en los yayos del barrio,
charloteando en un banco al sol
cómo pajaritos canturreando;
en el olor a curry y a hierbas magrebíes,
a sofrito latino,
al aroma a caldo de verduras que hacía mi abuela;
en los chavales que celebran goles en el parque.
Porque ya no me ofenden
los corazones aparcados en carga y descarga
y le regalo cigarrillos a los colgados en la boca del metro
pa que rellenen las grietas de la calle
y los socavones del asfalto.
Y así vivo tranquilo con mi deuda ,
-que es de amor-
porque cuando salimos de cena un sábado cualquiera
y volvemos en el metro a punta de día,
acabas dormida en mi hombro y escucho como respiras.
Porque sé que la estoy pagando como debo,
cómo la he aprendido,
porque la estoy pagando con el amor que me enseñaste.

Re: Arado #10

Publicado: Lun, 02 Feb 2026 21:54
por Hallie Hernández Alfaro
Àlex Gállego escribió: Lun, 02 Feb 2026 19:52 Cuando bucees en la piscina de mi barrio
con el pecho a ras de suelo de su fondo,
verás sus miliún azulejos.
Si llevas la gafas limpias y sin nieblas por el vaho,
encontrarás encerrados en cada uno de ellos mis demonios.
Bajo esos 625 metros cúbicos
me desintegré los caminos del cerebro,
colapsando y renaciendo
hasta dejar un rastro de prisionero que cuenta los días encerrado,
hasta salir a tomar aire
-autobendecido-
con la extraña capacidad de enseñar los dientes al mundo,
en lugar de lágrimas perpetuas en mis mejillas
como barniz en la madera.

Desde ese día me atrevo a caminar hacia mi nueva casa,
sin música ni pensamientos,
con el pelo aún mojado y olor a cloro en la piel.
Porque al fin entendí cómo devolver la deuda
y por fin me veo reflejado en los yayos del barrio,
charloteando en un banco al sol
cómo pajaritos canturreando;
en el olor a curry y a hierbas magrebíes,
a sofrito latino,
al aroma a caldo de verduras que hacía mi abuela;
en los chavales que celebran goles en el parque.
Porque ya no me ofenden
los corazones aparcados en carga y descarga
y le regalo cigarrillos a los colgados en la boca del metro
pa que rellenen las grietas de la calle
y los socavones del asfalto.
Y así vivo tranquilo con mi deuda ,
-que es de amor-
porque cuando salimos de cena un sábado cualquiera
y volvemos en el metro a punta de día,
acabas dormida en mi hombro y escucho como respiras.
Porque sé que la estoy pagando como debo,
cómo la he aprendido,
porque la estoy pagando con el amor que me enseñaste.
Cómo duele y fortifica este puñado de versos, Àlex.
Sumergirse y volver a por la vida en la superficie.
Escuchas como respira, sí, es porque los alvéolos son imposibles de separar...
Los tres últimos versos son muy hermosos (mención de honor para ellos).
Un abrazo; gracias por estar.