Un drama
Publicado: Lun, 02 Feb 2026 16:30
—¡No cabe la lechuga por la puerta!
Había olvidado en casa el sonotone. No escuchaba los gritos que alertaban de aquel tremendo absurdo. Seguía empujando, los goterones de sudor caían, con el agravante –bien considerado, un drama– de que habían congelado la lechuga; chorreaba sobre la camisa de lunares vacíos e imbéciles
—¡No cabe la lechuga por la puerta! —gritó con más fuerza el tío del paki al murciélago sordo.
Hasta el último recodo de la manzana cubría el rumor del fluido cayendo por los lunares.
Mientras el pobre, erre que erre, empapadísimo, empujaba la lechuga.
—¡No cabe la lechuga! ¡¿No ves que no cabe?! —gritaban los vecinos.
Al fin, un adolescente, más bobo que los pájaros, más aún que los lunares de la camisa, asomado al balcón, patidifuso, llamó al 112.
Había olvidado en casa el sonotone. No escuchaba los gritos que alertaban de aquel tremendo absurdo. Seguía empujando, los goterones de sudor caían, con el agravante –bien considerado, un drama– de que habían congelado la lechuga; chorreaba sobre la camisa de lunares vacíos e imbéciles
—¡No cabe la lechuga por la puerta! —gritó con más fuerza el tío del paki al murciélago sordo.
Hasta el último recodo de la manzana cubría el rumor del fluido cayendo por los lunares.
Mientras el pobre, erre que erre, empapadísimo, empujaba la lechuga.
—¡No cabe la lechuga! ¡¿No ves que no cabe?! —gritaban los vecinos.
Al fin, un adolescente, más bobo que los pájaros, más aún que los lunares de la camisa, asomado al balcón, patidifuso, llamó al 112.