Fantasmas en las entrañas del alma
Publicado: Lun, 02 Feb 2026 11:58
Es de noche, terriblemente oscura y desamparada,
los ojos se empeñan en no cerrarse
y las catacumbas de la mente en perder el respeto a la lógica.
Voy más allá de los pensamientos intentando encontrar una coyuntura
donde poder escapar de la agitación de los miedos
que aún se empeñan en dormir a mi lado;
no puedo controlarlos; ellos me encadenan con la tortura de los silencios,
sigo sin ser capaz de alumbrar la escena con luces que me tranquilicen,
que tranquilicen el diodo que aún permanece en la oscuridad.
Tengo miedo, es terrible ver el cielo con su color ceniza inamovible,
ningún rasgo de vida en los rincones de la noche,
en los atuendos que sodomizan la mente y su fatigada templanza,
siento las sábanas ser rasgadas por el pavor de mi cuerpo helado,
los sonidos impávidos de cadáveres tratando de llevarme junto a ellos,
hay rosas negras marchitas a mi alrededor,
los ángeles custodios han cambiado su blanco pulcro
por la negrura infinita de un ocaso demencial,
y en los bosques frondosos, tan solo quedan astillas quebradizas.
Estoy luchando con el corazón; el cuerpo ya no me sustenta,
el alma se saja, se despedaza por la insumisión de los ritos del horror,
de la incandescente lluvia de brasas y despojos pendencieros
que torturan y maltratan una mente dominada e irascible,
perdida en una lucha donde la batalla se convierte en locura.
No puedo, me siento agotado, encadenado, acorralado,
tumbado sobre laureles de mortandad, abrazado por la frialdad de los muertos,
asesinado en las tinieblas de las almas perdidas,
moribundo entre las flores marchitas de un mundo sin sentido, un alma sin vida.
A veces, entre angustiosos sollozos,
dibujo un halo oscuro con un fantasma sin sombra,
para despertar, lentamente, de un dormitar que nunca se produjo.
Pausadamente se acerca, sin hacer ruido, traspasando la niebla del alma,
no sé lo que quiere, no sé qué busca, no sé quién es,
el frío es intenso, los muertos se alejan, solo queda un camino de pétalos marchitos,
los ojos ensangrentados de pesadilla y una sombra endiablada que se aproxima.
Ya está aquí, me quiere poseer, lo siente el corazón, lo siente el alma,
me suda el cuerpo, se me inflaman las venas, se me aceleran los órganos,
se agacha y me mira; trato de apartar la mirada, trato de seguir hundido en la oscuridad,
pero ya no es posible, me tiene atrapado.
Es de noche, terriblemente oscura y desamparada,
los ojos se empeñan en no cerrarse
y las catacumbas de la mente en perder el respeto a la lógica
para enfrentarse al horror de mi cuerpo, de mi alma,
de mí, de yo mismo.
El amanecer no es capaz de alumbrar la oscuridad de las entrañas del alma.
los ojos se empeñan en no cerrarse
y las catacumbas de la mente en perder el respeto a la lógica.
Voy más allá de los pensamientos intentando encontrar una coyuntura
donde poder escapar de la agitación de los miedos
que aún se empeñan en dormir a mi lado;
no puedo controlarlos; ellos me encadenan con la tortura de los silencios,
sigo sin ser capaz de alumbrar la escena con luces que me tranquilicen,
que tranquilicen el diodo que aún permanece en la oscuridad.
Tengo miedo, es terrible ver el cielo con su color ceniza inamovible,
ningún rasgo de vida en los rincones de la noche,
en los atuendos que sodomizan la mente y su fatigada templanza,
siento las sábanas ser rasgadas por el pavor de mi cuerpo helado,
los sonidos impávidos de cadáveres tratando de llevarme junto a ellos,
hay rosas negras marchitas a mi alrededor,
los ángeles custodios han cambiado su blanco pulcro
por la negrura infinita de un ocaso demencial,
y en los bosques frondosos, tan solo quedan astillas quebradizas.
Estoy luchando con el corazón; el cuerpo ya no me sustenta,
el alma se saja, se despedaza por la insumisión de los ritos del horror,
de la incandescente lluvia de brasas y despojos pendencieros
que torturan y maltratan una mente dominada e irascible,
perdida en una lucha donde la batalla se convierte en locura.
No puedo, me siento agotado, encadenado, acorralado,
tumbado sobre laureles de mortandad, abrazado por la frialdad de los muertos,
asesinado en las tinieblas de las almas perdidas,
moribundo entre las flores marchitas de un mundo sin sentido, un alma sin vida.
A veces, entre angustiosos sollozos,
dibujo un halo oscuro con un fantasma sin sombra,
para despertar, lentamente, de un dormitar que nunca se produjo.
Pausadamente se acerca, sin hacer ruido, traspasando la niebla del alma,
no sé lo que quiere, no sé qué busca, no sé quién es,
el frío es intenso, los muertos se alejan, solo queda un camino de pétalos marchitos,
los ojos ensangrentados de pesadilla y una sombra endiablada que se aproxima.
Ya está aquí, me quiere poseer, lo siente el corazón, lo siente el alma,
me suda el cuerpo, se me inflaman las venas, se me aceleran los órganos,
se agacha y me mira; trato de apartar la mirada, trato de seguir hundido en la oscuridad,
pero ya no es posible, me tiene atrapado.
Es de noche, terriblemente oscura y desamparada,
los ojos se empeñan en no cerrarse
y las catacumbas de la mente en perder el respeto a la lógica
para enfrentarse al horror de mi cuerpo, de mi alma,
de mí, de yo mismo.
El amanecer no es capaz de alumbrar la oscuridad de las entrañas del alma.