Espectro
Publicado: Mar, 27 Ene 2026 1:03
Desde la noche, escalpada de celos y sombras sin cobijo,
como duendes de cirios aglutinados en las tardes,
se conocen los cielos, encaramados a la vasta falda de punzantes rocas,
para perderse en un mundo sin varices, sin raíces y sin sosiego.
Y allá, donde los jazmines ya no perfuman la ensenada,
aparecen huellas que se quedaron cobijadas por la penumbra
y, que, de alguna manera, fueron incapaces de perderse en la umbría del recuerdo,
para seguir por la senda que esconde la luz del día para engrandecer la sequía nocturna.
Entonces, como una tormenta a la espera de que sucumba el azul del cielo,
aparece su sombra ensordecida por el estruendo insaciable de la furia de los rayos.
Yo me he quedado en los pantanos donde se esconden la piel y el silencio,
he visualizado mi alrededor en busca de esa imagen adormecida y vestida de sombra,
que me acorrala, que me envuelve y que intenta hundirme en el fango de la desdicha.
Está a mi lado, lo sé, pero ni puedo huir, ni tan siquiera hacerla desaparecer de las grietas de la razón.
Está a mi lado, vestida con nieve inmaculada y purpurina de estrellas disfrazada.
Más todo es un manto de desolación, un reguero de tortura y un mensaje escrito a sangre,
que aún perdura en la lontananza.
Está a mi lado, yo al suyo, con el viento soplando su rabia con la rudeza con la que el dolor desgarra el alma.
Ella lo sabe y yo trato de obviarlo, pero el frío es cada vez más profundo, la niebla más espesa y ya no brillan las estrellas, no bailan los luceros y tan solo el gélido fuego llueve en cenizas sobre mi piel calcinada.
A su lado, todo huele a mal, todo es una estrofa secreta, guardián de una metáfora de maldad, donde tan solo cabe la tristeza y suspira un aire irrespirable.
Y es a su lado, cuando el hoy lucha por encontrar una salida que le indique un camino donde poder llegar a un mañana, pero todo se asemeja a una destrucción que me lleve hasta un fin que yo encuentro cerca.
Yo no comencé este camino, no elegí esta situación, este destino, pero los demonios se han alineado en mi contra, me dejaron entrar para que me atrincherara detrás de la verdad y que, a su lado, dejara de sentir, de disfrutar, de vivir, como ese manantial que dejó de brotar.
La noche no quiere abrirse, la tormenta no le deja; mi corazón se congela a cada latido ignorante, no sé qué va a ser de mí. A su lado he vivido, aún lo hago, pero no soy culpable, ni merezco morir entre brasas de una hoguera fría y desorientada, con la sombra de la niebla adornada de cenizas, con el grito indomable de un cielo nervioso y soberbio con aires de ejército de destrucción. De nada valen ya las noches de nieve, de hielo y de carámbanos de lágrimas en un sufrir sin fin.
Llévame donde quieras; los dos sabemos dónde estamos y para qué has venido. Sé que sigues a mi lado y que, en el transcurrir del tiempo, tu espectro se irá acercando más y más, hasta encadenarme para el último viaje.
Aquí estoy, a tu lado, yo soy yo, mi vida es tu vida, mi alma la semilla a la que se le han podrido sus raíces. Mi voz es el fantasma de lo que soy y la espina de lo que nunca fui.
como duendes de cirios aglutinados en las tardes,
se conocen los cielos, encaramados a la vasta falda de punzantes rocas,
para perderse en un mundo sin varices, sin raíces y sin sosiego.
Y allá, donde los jazmines ya no perfuman la ensenada,
aparecen huellas que se quedaron cobijadas por la penumbra
y, que, de alguna manera, fueron incapaces de perderse en la umbría del recuerdo,
para seguir por la senda que esconde la luz del día para engrandecer la sequía nocturna.
Entonces, como una tormenta a la espera de que sucumba el azul del cielo,
aparece su sombra ensordecida por el estruendo insaciable de la furia de los rayos.
Yo me he quedado en los pantanos donde se esconden la piel y el silencio,
he visualizado mi alrededor en busca de esa imagen adormecida y vestida de sombra,
que me acorrala, que me envuelve y que intenta hundirme en el fango de la desdicha.
Está a mi lado, lo sé, pero ni puedo huir, ni tan siquiera hacerla desaparecer de las grietas de la razón.
Está a mi lado, vestida con nieve inmaculada y purpurina de estrellas disfrazada.
Más todo es un manto de desolación, un reguero de tortura y un mensaje escrito a sangre,
que aún perdura en la lontananza.
Está a mi lado, yo al suyo, con el viento soplando su rabia con la rudeza con la que el dolor desgarra el alma.
Ella lo sabe y yo trato de obviarlo, pero el frío es cada vez más profundo, la niebla más espesa y ya no brillan las estrellas, no bailan los luceros y tan solo el gélido fuego llueve en cenizas sobre mi piel calcinada.
A su lado, todo huele a mal, todo es una estrofa secreta, guardián de una metáfora de maldad, donde tan solo cabe la tristeza y suspira un aire irrespirable.
Y es a su lado, cuando el hoy lucha por encontrar una salida que le indique un camino donde poder llegar a un mañana, pero todo se asemeja a una destrucción que me lleve hasta un fin que yo encuentro cerca.
Yo no comencé este camino, no elegí esta situación, este destino, pero los demonios se han alineado en mi contra, me dejaron entrar para que me atrincherara detrás de la verdad y que, a su lado, dejara de sentir, de disfrutar, de vivir, como ese manantial que dejó de brotar.
La noche no quiere abrirse, la tormenta no le deja; mi corazón se congela a cada latido ignorante, no sé qué va a ser de mí. A su lado he vivido, aún lo hago, pero no soy culpable, ni merezco morir entre brasas de una hoguera fría y desorientada, con la sombra de la niebla adornada de cenizas, con el grito indomable de un cielo nervioso y soberbio con aires de ejército de destrucción. De nada valen ya las noches de nieve, de hielo y de carámbanos de lágrimas en un sufrir sin fin.
Llévame donde quieras; los dos sabemos dónde estamos y para qué has venido. Sé que sigues a mi lado y que, en el transcurrir del tiempo, tu espectro se irá acercando más y más, hasta encadenarme para el último viaje.
Aquí estoy, a tu lado, yo soy yo, mi vida es tu vida, mi alma la semilla a la que se le han podrido sus raíces. Mi voz es el fantasma de lo que soy y la espina de lo que nunca fui.