Aquel suave pliegue
en una hoja del poemario de Yeats,
la diminuta huella de una palmípeda
a orillas del mar,
o la herida que la decepción
deja en mi pecho,
son marcas del destino,
que ya,
demasiadas veces
se escriben en mis sienes.
Y quiso el destino insondable
que allí donde Yeats tendió sus sueños,
pisara una gaviota,
que quería ser gura1.
Voló hacia la noche eterna
buscando una luna
que su plumaje vistiera de azul.
Voló sin descanso
hasta el confín del tiempo,
para ser inmortal.
Lanzó sus irritantes graznidos
para que el eco,
le devolviera líricos trinos.
Y ante la nada,
solo silencio, oscuridad
y sus propios temores encontró,
bajo el desgarrante manto
de mis pisoteados sueños.
© francisco Javier costa lópez
1 (Goura. Ave originaria de Nueva Guinea)