María
Publicado: Lun, 12 Ene 2026 19:05
MARÍA, oda y elegía a mi madre
El barro transmutado en oro puro,
el corazón perdido, mas tan cerca,
el arroyo violeta de los sueños,
el romero, la flor y la poeta.
La canción que se agarra a la garganta,
la caricia candente de la lengua,
tu secreto secreto que no dices
y el remolino rubio en las adelfas.
El corazón que cruje en el ocaso,
el corazón que llora con la niebla,
el corazón del mar hecho pedazos,
el corazón que amas y que niegas.
Todo el sol y la sombra, este presente,
el delirio que cierras y que encierras,
la paloma asustada de tu rostro
y la rosa invisible que nos quema.
La música que orquesta los sentidos,
el olvido que olvidas y recuerdas;
aquello que no tiene nombre alguno
y es el norte del norte en la cabeza.
María y cien mujeres se levantan,
María y esta ausencia ausencia ausencia,
María y todo el campo nos conoce,
María y solo luz, María, tierra.
María y los luceros de los ojos,
María y son de carne las estrellas,
María y cae la luna entre los senos,
María donde duermes, donde velas…
Ya no nos queda nada, excepto todo,
excepto solamente esta serena
condición de la fe: dos voces, una,
que de sabernos somos somos ella.
Mar
El barro transmutado en oro puro,
el corazón perdido, mas tan cerca,
el arroyo violeta de los sueños,
el romero, la flor y la poeta.
La canción que se agarra a la garganta,
la caricia candente de la lengua,
tu secreto secreto que no dices
y el remolino rubio en las adelfas.
El corazón que cruje en el ocaso,
el corazón que llora con la niebla,
el corazón del mar hecho pedazos,
el corazón que amas y que niegas.
Todo el sol y la sombra, este presente,
el delirio que cierras y que encierras,
la paloma asustada de tu rostro
y la rosa invisible que nos quema.
La música que orquesta los sentidos,
el olvido que olvidas y recuerdas;
aquello que no tiene nombre alguno
y es el norte del norte en la cabeza.
María y cien mujeres se levantan,
María y esta ausencia ausencia ausencia,
María y todo el campo nos conoce,
María y solo luz, María, tierra.
María y los luceros de los ojos,
María y son de carne las estrellas,
María y cae la luna entre los senos,
María donde duermes, donde velas…
Ya no nos queda nada, excepto todo,
excepto solamente esta serena
condición de la fe: dos voces, una,
que de sabernos somos somos ella.
Mar