¡Que no me Caso!
Publicado: Lun, 05 Ene 2026 23:12
Juro que cuando hace una hora me metí en la ducha había decidido con una firmeza que me sorprendió a mí misma que iría hoy, Nochebuena, a cenar con mi familia. Pero con el jabón se me fueron las ganas por el desagüe.
Y es que lo estoy viendo venir, empezaremos la noche desprendiendo sonrisas, algunas más forzadas que otras, y “Qué tales” siempre poco efusivos por si a alguien se le ocurre contestar. Nos sentaremos a cenar y entre “Pásame ese Rioja que lo cato” y “Mira a tu tío lo que zampa” se oirá la voz grave de mi primo el mayor “Soso, chicas, algo soso pero mejor, porque asín no bebemos agua y comemos más”. Que tiene narices el hombre, mucha carrera, mucha cultura y con el “asin” entre los dientes desde que cruza el umbral de la casa del pueblo.
A media cena y si todo va bien todavía no se habrán fijado en mí, pero mi padre ya habrá gritado un par de veces lo de “¡Pero qué suerte hemos tenido con estas mujeres, hermanos!”, y los maridos de mis primas, incorporados hace poco a la casta de los Rodríguez, pondrán esa sonrisa que aparece en algunas caras cuando no se sabe si lo dicho va en broma o va en serio. ¿Y los pequeños? Se pasarán la cena armando jaleo, comiendo deprisa y gritando “¿Cuándo llegan los regalos, papá?”, a lo que el susodicho progenitor contestará apretando los dientes “¿Cuántas veces tengo que decirte que te calles?”.
Entonces algunos se darán cuenta de mi presencia y se escuchará “Y tú ¿qué? ¿Sigues sin novio?”. Esbozaré una sonrisa ambigua y mi madre, tan lenta para otras cosas, y a pesar de que estará en la otra punta de la mesa, soltará como una bala “pero quién la va a querer, con esa mala leche”. Masticaré el lechazo rápido y tragaré para evitar alguna burrada con tropezones, claro que mi padre añadirá “ni pa´la virgen chicos, no la casamos ni pa´la virgen”. En ese momento, mi mirada de odio se cruzará con la de mi tío, el más joven, que estará sonriendo levemente y del que puedo asegurar que se casó en verano sólo para que le dejaran en paz y así poder pasarme el testigo de la soltería.
Ahora bien, tendremos suerte si este año no se habla de política, porque entre comunistas nostálgicos y socialistas, saltará la banda de “centro”, que de todo tiene que haber, con alguna de sus habituales frases, tales como “si no hubieseis sido tan rojillos”, lo que los otros completarán con “mejor os calláis y tragáis, que es lo que mejor hacéis…” Entonces algún rezagado para suavizar, me preguntará en un tono más alto que bajo “pero tú, ¿te casas o no?”. Supongo que a esas alturas mi hermana soltará la copa y propondrá jugar un cinquillo y mientras me apresuro a levantarme para coger las cartas tararearé con la música de “hacia Belén va una burra”: “Ya sólo queda Navidad rin, rin…”
Así que decidido, no iré, este año no vuelvo a pasar por el aro y me quedaré en mi casa, cenando con mi recién estrenada independencia.
Vaya, justo ahora el teléfono:
—¿Sí?
—…
—Sí, papá, ya salía hacia allá, llegaré un poco tarde… no empecéis sin mí, ¿eh?
—…
—No, ni pa´la virgen, no me caso ni pa´la virgen.
Y es que lo estoy viendo venir, empezaremos la noche desprendiendo sonrisas, algunas más forzadas que otras, y “Qué tales” siempre poco efusivos por si a alguien se le ocurre contestar. Nos sentaremos a cenar y entre “Pásame ese Rioja que lo cato” y “Mira a tu tío lo que zampa” se oirá la voz grave de mi primo el mayor “Soso, chicas, algo soso pero mejor, porque asín no bebemos agua y comemos más”. Que tiene narices el hombre, mucha carrera, mucha cultura y con el “asin” entre los dientes desde que cruza el umbral de la casa del pueblo.
A media cena y si todo va bien todavía no se habrán fijado en mí, pero mi padre ya habrá gritado un par de veces lo de “¡Pero qué suerte hemos tenido con estas mujeres, hermanos!”, y los maridos de mis primas, incorporados hace poco a la casta de los Rodríguez, pondrán esa sonrisa que aparece en algunas caras cuando no se sabe si lo dicho va en broma o va en serio. ¿Y los pequeños? Se pasarán la cena armando jaleo, comiendo deprisa y gritando “¿Cuándo llegan los regalos, papá?”, a lo que el susodicho progenitor contestará apretando los dientes “¿Cuántas veces tengo que decirte que te calles?”.
Entonces algunos se darán cuenta de mi presencia y se escuchará “Y tú ¿qué? ¿Sigues sin novio?”. Esbozaré una sonrisa ambigua y mi madre, tan lenta para otras cosas, y a pesar de que estará en la otra punta de la mesa, soltará como una bala “pero quién la va a querer, con esa mala leche”. Masticaré el lechazo rápido y tragaré para evitar alguna burrada con tropezones, claro que mi padre añadirá “ni pa´la virgen chicos, no la casamos ni pa´la virgen”. En ese momento, mi mirada de odio se cruzará con la de mi tío, el más joven, que estará sonriendo levemente y del que puedo asegurar que se casó en verano sólo para que le dejaran en paz y así poder pasarme el testigo de la soltería.
Ahora bien, tendremos suerte si este año no se habla de política, porque entre comunistas nostálgicos y socialistas, saltará la banda de “centro”, que de todo tiene que haber, con alguna de sus habituales frases, tales como “si no hubieseis sido tan rojillos”, lo que los otros completarán con “mejor os calláis y tragáis, que es lo que mejor hacéis…” Entonces algún rezagado para suavizar, me preguntará en un tono más alto que bajo “pero tú, ¿te casas o no?”. Supongo que a esas alturas mi hermana soltará la copa y propondrá jugar un cinquillo y mientras me apresuro a levantarme para coger las cartas tararearé con la música de “hacia Belén va una burra”: “Ya sólo queda Navidad rin, rin…”
Así que decidido, no iré, este año no vuelvo a pasar por el aro y me quedaré en mi casa, cenando con mi recién estrenada independencia.
Vaya, justo ahora el teléfono:
—¿Sí?
—…
—Sí, papá, ya salía hacia allá, llegaré un poco tarde… no empecéis sin mí, ¿eh?
—…
—No, ni pa´la virgen, no me caso ni pa´la virgen.