Rizomas II
Publicado: Jue, 01 Ene 2026 18:53
EN LA ERMITA DE SANT MIQUEL
Como mucho alcanzamos a ser una abstracción para la mente humana. Pero nosotros nos santificamos en el presente y en la pura actividad de los sentidos operando en perfecta comunión.
Llevamos la punta de la lanza que atraviesa la cabeza de la ignorancia. Así concebimos la dicha de ser aquí y ahora bienaventurados. Nuestra cabeza tripartita no tiene forma visible; solo el nombre nos puede aproximar al lenguaje que emplean para dirigirse a nosotros: distintas advocaciones en distintos rituales.
Solo una es la vida común. No obstante, para que el movimiento circular del infinito no estalle en vuestras retinas, trazamos tres líneas y puntos de conexión. Podríamos ser la Santísima trinidad. O tres ángeles: San Gabriel, San Rafael y San Miguel.
La mañana ya poderosa esparce su luminosa beatitud, bañando los macizos de roca caliza, cubriendo con tesoros a la variedad de arbustos y matorrales. La basílica es como una madre que justo acaba de dar a luz. Nuestro hermano en la misa sostiene el cáliz: da la hostia a sus hermanos.
Con la mirada perdida, sobre el tronco del arbusto, seguimos los pasos del tiempo. Bien cabe considerar el reflejo más poderoso: perdición y oportunidad.
¿Quién se pierde o encuentra, en el tiempo?
Vieron cómo hacia nuestro hermano, el monje, preguntas.
Decimos que la pregunta acaba con la vida, no con la respuesta. Pregunta Quien no sabe. Y, o bien comienza la vida, o mal llega la respuesta.
Deténganse a contemplar este movimiento circular, fiel reflejo del infinito Ser que somos, fuimos y seremos.
Pero ya dijimos que no queda atrapado, en un reflejo, el movimiento.
Ahora, decimos que el movimiento es la vida misma, única e indivisible.
Cabe, entonces, ver en el movimiento la quietud, así como en el vacío la forma. Todas las demás especulaciones son añadidos, abriéndose, como tubérculos, sobre la superficie de la tierra o la cinta de la memoria.
Acostumbrado a trabajar para subsistir, el ser humano cree producir medios de subsistencia, acaparando porciones. Es como una computadora enamorada de las matemáticas, que adora y rinde culto a los datos que alcanza a procesar.
En absoluta necesidad hallados por nosotros, los bienaventurados.
Así, hay que producir, ¿qué?
¿Se produce la existencia? ¿Los datos se producen? ¿Las formas se producen? ¿Cómo?
Allegándose viene la tarde con jirafas sobre las nubes que traerán lluvia.
De rodillas, besamos la cruz frente a la ermita. Lentamente declinan los cielos.
También el monje, en su celda, descansa, antes de oficiar vespres.