Incendiar el aire
Publicado: Mié, 31 Dic 2025 10:40
Incendiar el aire
Nosotros que supimos del temblor de las lucernas,
y del soplo del tiempo
resbalando por los muros invisibles
que aún vibran con la música de los viejos sueños
fuimos la brújula extraviada en un mapa sin norte,
las pavesas que ya no recuerdan el fuego
ni su nombre bajo las piedras húmedas.
Había una grieta secreta en cada esquina,
y en la esfera de los relojes
una semilla de sombra
que solo germinaba en el abismo.
Un canto de trenes fantasmas
arrastraba los pasos de la lluvia,
como si fuera el mástil de un barco varado,
como si el idioma doliera en el vientre de los tilos.
Recogimos los cristales de nuestro nombre
en cada vitrina rota del amor,
y me ofrecías tu nostalgia
como quien vende cometas
en un día sin viento,
sombras en una noche sin luna.
Dejamos cicatrices como trofeos de supervivencia,
sosteniendo aún la memoria de quienes ya no están
y seguimos creyendo en la ternura como resistencia
Nosotros, que conocimos la lluvia por su tacto,
y el miedo por su aroma,
que amamos con la fe de los desposeídos,
con la torpeza de los que siempre llegan tarde,
que llevábamos en los ojos el cuaderno inacabado de la geografía de la infancia.
Nosotros que soñábamos incendiar la aurora, con ser relámpago,
lengua de fuego en la garganta del tiempo,
y que tan solo seremos el eco
en el metal frío de una campana rota.
Nosotros que supimos del temblor de las lucernas,
y del soplo del tiempo
resbalando por los muros invisibles
que aún vibran con la música de los viejos sueños
fuimos la brújula extraviada en un mapa sin norte,
las pavesas que ya no recuerdan el fuego
ni su nombre bajo las piedras húmedas.
Había una grieta secreta en cada esquina,
y en la esfera de los relojes
una semilla de sombra
que solo germinaba en el abismo.
Un canto de trenes fantasmas
arrastraba los pasos de la lluvia,
como si fuera el mástil de un barco varado,
como si el idioma doliera en el vientre de los tilos.
Recogimos los cristales de nuestro nombre
en cada vitrina rota del amor,
y me ofrecías tu nostalgia
como quien vende cometas
en un día sin viento,
sombras en una noche sin luna.
Dejamos cicatrices como trofeos de supervivencia,
sosteniendo aún la memoria de quienes ya no están
y seguimos creyendo en la ternura como resistencia
Nosotros, que conocimos la lluvia por su tacto,
y el miedo por su aroma,
que amamos con la fe de los desposeídos,
con la torpeza de los que siempre llegan tarde,
que llevábamos en los ojos el cuaderno inacabado de la geografía de la infancia.
Nosotros que soñábamos incendiar la aurora, con ser relámpago,
lengua de fuego en la garganta del tiempo,
y que tan solo seremos el eco
en el metal frío de una campana rota.