Testigo
Publicado: Dom, 14 Dic 2025 13:10
El mar que baña mis pies es testigo
de que al otro lado existe una ciudad
de atmósfera plomiza, atravesada
por la ira del rayo -espectro insaciable
que devora su carne-, donde las ventanas
son pedruscos y la luz del relámpago
pinta las paredes de locura.
Sobre el asfalto, miles de ojos
-ya vidrios transparentes- miran
fijamente al cielo, pues ciegos son
para otros ojos y para el humo
de la sopa o de una lánguida hoguera.
En cada esquina de esta ciudad,
que desconoce la ternura de una sonrisa,
reinan la pálida tristeza de los amaneceres
sin un despertar de pájaros y un silencio
de holocausto parasitando el aire.
Las palabras desamparadas, roídas,
sin forma ni color, sombras son
que ya no traban los pasos,
harapos irrisorios, astillas
que se disuelven en la nada.
¡Si acaso su eco se hiciera reconocible
en el abecedario de los sueños!
(aunque en los bellos sueños
también se cuelan los lobos).
El mar que baña mis pies es testigo
de la existencia al otro lado de una ciudad
donde al tiempo le arrancaron la cara
a ráfagas de crueldad, sinrazón que pesa
como un cielo de plomo derribado
para que sufran la rapiña del olvido los que jamás
podrán juntar sus labios con otros labios.
de que al otro lado existe una ciudad
de atmósfera plomiza, atravesada
por la ira del rayo -espectro insaciable
que devora su carne-, donde las ventanas
son pedruscos y la luz del relámpago
pinta las paredes de locura.
Sobre el asfalto, miles de ojos
-ya vidrios transparentes- miran
fijamente al cielo, pues ciegos son
para otros ojos y para el humo
de la sopa o de una lánguida hoguera.
En cada esquina de esta ciudad,
que desconoce la ternura de una sonrisa,
reinan la pálida tristeza de los amaneceres
sin un despertar de pájaros y un silencio
de holocausto parasitando el aire.
Las palabras desamparadas, roídas,
sin forma ni color, sombras son
que ya no traban los pasos,
harapos irrisorios, astillas
que se disuelven en la nada.
¡Si acaso su eco se hiciera reconocible
en el abecedario de los sueños!
(aunque en los bellos sueños
también se cuelan los lobos).
El mar que baña mis pies es testigo
de la existencia al otro lado de una ciudad
donde al tiempo le arrancaron la cara
a ráfagas de crueldad, sinrazón que pesa
como un cielo de plomo derribado
para que sufran la rapiña del olvido los que jamás
podrán juntar sus labios con otros labios.