Aún podría llenar tu cuerpo
con todas las señales que nunca alcanzaron
— complejidad primordial—
este maldito hambre de amor.
de donde ni el grito ni los clamores te llegan.
Y me quedo sola
envuelta en el silencio de pensamientos estériles.
De donde nacen los vientos finos,
te traeré las gasas de la delicia
con que tejer las noches adornadas de destellos.
muros de hielo rechazan incandescencias.
De las inmensas llanuras
llegaremos por caminos del placer
donde cada gota, en minutero de silencio,
es un latido estimulante a derribar
con palabras y hechos.
Entre tú y yo, ahora,
solo el pasillo de entregas totales
cordón umbilical
—a pesar de todo—
que nos mantiene unidos.