Adicto al mar
Publicado: Lun, 04 Ago 2025 9:26
Adicto al mar
===========
Despliego la blanca vela
y, de forma mecánica
empuño el timón,
mano firme
de amigo y cómplice.
Miro al cielo
y grito al viento.
Con desesperación,
con rabia contenida.
Libero tensiones.
Vuela, espirito de mi niñez
juega con tus hermanas gaviotas
que, el mejor regalo
que te puedo hacer
es, dejarte la puerta abierta.
Juego a romper las olas
con la quilla de mi velero.
Polvo de agua salada
endulza mi boca.
Mi cara, desarruga el ceño,
esbozando una sonrisa
que creí perdida.
Mis entornados ojos brillan,
en ese atardecer costero
en el que, poco a poco
es engullido el sol , por el mar
dejando un estela de espigas
sobre las dunas de sus aguas.
Pongo proa a esa línea
que define el horizonte
que, al ser marcada con tiza,
cuando crees llegar
no está.
Donde cuentan que...
rosas de agua dulce
crecen entre sus algas,
como ofrenda a esas almas
que con celo guarda el mar.
Solo, desamparado
a merced del viento.
Con la muerte al acecho
se agudizan mis sentidos,
y me siento vivo
por un momento.
No hay sirenas que me canten
que quieran llevarme al fondo
es, el zumbido del aire
que, al contacto con las velas
me susurra cuentos viejos.
F. Marcos
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Despliego la blanca vela
y, de forma mecánica
empuño el timón,
mano firme
de amigo y cómplice.
Miro al cielo
y grito al viento.
Con desesperación,
con rabia contenida.
Libero tensiones.
Vuela, espirito de mi niñez
juega con tus hermanas gaviotas
que, el mejor regalo
que te puedo hacer
es, dejarte la puerta abierta.
Juego a romper las olas
con la quilla de mi velero.
Polvo de agua salada
endulza mi boca.
Mi cara, desarruga el ceño,
esbozando una sonrisa
que creí perdida.
Mis entornados ojos brillan,
en ese atardecer costero
en el que, poco a poco
es engullido el sol , por el mar
dejando un estela de espigas
sobre las dunas de sus aguas.
Pongo proa a esa línea
que define el horizonte
que, al ser marcada con tiza,
cuando crees llegar
no está.
Donde cuentan que...
rosas de agua dulce
crecen entre sus algas,
como ofrenda a esas almas
que con celo guarda el mar.
Solo, desamparado
a merced del viento.
Con la muerte al acecho
se agudizan mis sentidos,
y me siento vivo
por un momento.
No hay sirenas que me canten
que quieran llevarme al fondo
es, el zumbido del aire
que, al contacto con las velas
me susurra cuentos viejos.
F. Marcos