Hay un rincón
Publicado: Sab, 23 Sep 2017 20:07
Hay un rincón en el jardín de mi casa
donde las nubes y los pájaros
se acercan hasta acariciar mi cara
y la espalda ya vieja y peluda de Bart.
Allí el tiempo no existe
y las estaciones solo se suceden
para adornarnos la verdad.
Nacho, nunca quisiste usar el microondas
(por aquello de las radiaciones)
e íbamos a dejar de fumar.
Yo te debía un poema
y hasta ahora no pude ni sabía qué escribir
(nunca he sabido escribir a un amigo muerto)
Pero me gustaría que sepas
que no podré olvidar aquellas playas de Costa Rica,
¿te acuerdas de aquella preciosa mulata
que me cambió por ti? (lo reconozco)
Tan majo, pero
¡...Qué rarito eras a veces coño!
¡Cuántas risas, copas, noches,
arreglillos de mundo
y de lo demás compartimos!
Recuerdo las farolas apagándose
(como cosa de brujería)
a nuestro paso por la calle
que llevaba hacia ese balneario de Alceda
(ayer mismo compré un jodido champú de aquel sitio
en una farmacia)
Sé que he tardado mucho,
quizás porque aún no me lo puedo creer.
¿Te acuerdas de Menorca
y atrapados por la nieve en aquel apartamento de Sierra Nevada?
En Soto, en Colme...
¿y en aquella discoteca en la playa de Santander?
Lo pasamos bien, amigo.
El Jaime, el Edu, el Gabi, la Mamen, el Juanfe, el Alfonso
el Javi, el David y los demás tampoco te olvidan...
¡Qué puto y absurdo es a veces el destino, Nachete!
Pero que nos quiten lo bailao, querido amigo.
Siempre habrá un sitio,
un rincón en las casas de tus amigos
donde los pájaros, las nubes y las estrellas
nos reúnan.
Hoy los timbales, el rugido de las motos,
toda la Pedriza entera,
y esta cerveza fría como el hielo
que me envuelve
brindan por ti.
Nos vemos, Nacho.
Siempre en nuestro corazón,
siempre en nuestro pequeño
pero gran rincón,
amigo...
_____________
A Nacho
donde las nubes y los pájaros
se acercan hasta acariciar mi cara
y la espalda ya vieja y peluda de Bart.
Allí el tiempo no existe
y las estaciones solo se suceden
para adornarnos la verdad.
Nacho, nunca quisiste usar el microondas
(por aquello de las radiaciones)
e íbamos a dejar de fumar.
Yo te debía un poema
y hasta ahora no pude ni sabía qué escribir
(nunca he sabido escribir a un amigo muerto)
Pero me gustaría que sepas
que no podré olvidar aquellas playas de Costa Rica,
¿te acuerdas de aquella preciosa mulata
que me cambió por ti? (lo reconozco)
Tan majo, pero
¡...Qué rarito eras a veces coño!
¡Cuántas risas, copas, noches,
arreglillos de mundo
y de lo demás compartimos!
Recuerdo las farolas apagándose
(como cosa de brujería)
a nuestro paso por la calle
que llevaba hacia ese balneario de Alceda
(ayer mismo compré un jodido champú de aquel sitio
en una farmacia)
Sé que he tardado mucho,
quizás porque aún no me lo puedo creer.
¿Te acuerdas de Menorca
y atrapados por la nieve en aquel apartamento de Sierra Nevada?
En Soto, en Colme...
¿y en aquella discoteca en la playa de Santander?
Lo pasamos bien, amigo.
El Jaime, el Edu, el Gabi, la Mamen, el Juanfe, el Alfonso
el Javi, el David y los demás tampoco te olvidan...
¡Qué puto y absurdo es a veces el destino, Nachete!
Pero que nos quiten lo bailao, querido amigo.
Siempre habrá un sitio,
un rincón en las casas de tus amigos
donde los pájaros, las nubes y las estrellas
nos reúnan.
Hoy los timbales, el rugido de las motos,
toda la Pedriza entera,
y esta cerveza fría como el hielo
que me envuelve
brindan por ti.
Nos vemos, Nacho.
Siempre en nuestro corazón,
siempre en nuestro pequeño
pero gran rincón,
amigo...
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A Nacho