Bebiéndonos los labios
Publicado: Mar, 15 Jul 2014 17:40
Bebiéndonos los labios,
ávidos, en nuestra atormentada sed.
Se desvisten quemantes
los primeros pétalos
desde nuestros cuerpos
descorchados por el vino de la locura
y su copa se derrama a nuestras bocas
sin miramientos, sin incluso percatarse
de su complicidad en nuestro pecado bendito.
Hablarnos, amor ahora… sería, como destejer
el arcoíris nácar que colorea tu pelo.
Cuando en él voy jugando por sobre tu vientre
para repartir, en el surco mágico de tu ombligo
los besos pensados, que aún me quedan.
¡Porque, necesito quedarme aquí, maravillado de tu existencia!
Necesito saciar, esta árida sed
y beberte,
desde las escaleras en tu vientre
hasta el mismo altar de tus senos exactos
con sus dos coronas, de cerezas silvestres.
¡En la arrebolada escarlata, de tu corazón en llamas!
Se pulveriza el aire… y el mar es
…gelatina de uva pura.
Los peces arden, en cardúmenes de cera
y vienen... a caer a los brazos del día;
mientras gozas el particular antojo
de corearle al amor, su existencia
como si fueras Cenicienta... o un hada dormida.
Nuestras voces se fugan, de este tálamo sordo.
Mientras tú, a proa fraguas, rodajas de besos insaciables
en la tormenta que tú misma inventaste.
Y…te salpicas de mí, y en la urgencia,
te enrollas al cuerpo que
sin tregua, ni piedad, sacudes.
Y te afianzas marinera del mastelero, que en tus fauces te llevas.
Bebes de mi copa la promesa de la vida
y el misterio que envuelve, toda la existencia.
Luego de colmarte, suicida
en el bálano que nos hace indefectibles.
Allí, justo por entre tus piernas
el alubión de lava y… tus ojos murieron.
Se quedaron estáticos
¡Níveos!
Y…sin más pensé, que sin remedio… habías muerto.
¡Pero, resucitaste!
Y… como si por siglos estuvieses esperando
te entregaste a la embestida:
Y rompiste las monturas.
Y se agrietó el aire, en torno nuestro
famélico, respirando
al través del cáliz de tu sexo;
cuando tu cuerpo, ya no era cuerpo
solo lugar, para el siguiente de mis besos.
ávidos, en nuestra atormentada sed.
Se desvisten quemantes
los primeros pétalos
desde nuestros cuerpos
descorchados por el vino de la locura
y su copa se derrama a nuestras bocas
sin miramientos, sin incluso percatarse
de su complicidad en nuestro pecado bendito.
Hablarnos, amor ahora… sería, como destejer
el arcoíris nácar que colorea tu pelo.
Cuando en él voy jugando por sobre tu vientre
para repartir, en el surco mágico de tu ombligo
los besos pensados, que aún me quedan.
¡Porque, necesito quedarme aquí, maravillado de tu existencia!
Necesito saciar, esta árida sed
y beberte,
desde las escaleras en tu vientre
hasta el mismo altar de tus senos exactos
con sus dos coronas, de cerezas silvestres.
¡En la arrebolada escarlata, de tu corazón en llamas!
Se pulveriza el aire… y el mar es
…gelatina de uva pura.
Los peces arden, en cardúmenes de cera
y vienen... a caer a los brazos del día;
mientras gozas el particular antojo
de corearle al amor, su existencia
como si fueras Cenicienta... o un hada dormida.
Nuestras voces se fugan, de este tálamo sordo.
Mientras tú, a proa fraguas, rodajas de besos insaciables
en la tormenta que tú misma inventaste.
Y…te salpicas de mí, y en la urgencia,
te enrollas al cuerpo que
sin tregua, ni piedad, sacudes.
Y te afianzas marinera del mastelero, que en tus fauces te llevas.
Bebes de mi copa la promesa de la vida
y el misterio que envuelve, toda la existencia.
Luego de colmarte, suicida
en el bálano que nos hace indefectibles.
Allí, justo por entre tus piernas
el alubión de lava y… tus ojos murieron.
Se quedaron estáticos
¡Níveos!
Y…sin más pensé, que sin remedio… habías muerto.
¡Pero, resucitaste!
Y… como si por siglos estuvieses esperando
te entregaste a la embestida:
Y rompiste las monturas.
Y se agrietó el aire, en torno nuestro
famélico, respirando
al través del cáliz de tu sexo;
cuando tu cuerpo, ya no era cuerpo
solo lugar, para el siguiente de mis besos.