Flores
Publicado: Dom, 06 Abr 2014 21:58
Soy como tú, someto la circunstancia a la atmósfera carnal,
la violo y la alejo a través de sentidos entregados en masa a una sola forma.
La flor multiplicada bajo la lupa lunar reúne sus nombres cosméticos
y así
se entretiene el dolor, se pierden llagas como piedras en la laguna
que hay en el centro del jardín.
El cuerpo movedizo y embarrado que hay en la orilla,
con la boca vuelta hacia el agua regurgitando y absorbiendo un beso,
nos va rodeando sin que él mismo lo sepa.
Le tendemos la trampa, le decimos rosa, violeta, lugares comunes
donde reposa el círculo irisado de la mordaza,
y nuestra piel conoce el sabor cárdeno del cielo
en un espacio cada vez más reducido por la lengua
que se adelanta a la voz dando grandes zancadas intraespeculares.
El cuerpo nos asesina igualmente
pero nuestras manos entrelazadas
no simulan otra fuerza que la del nudo construido
con el flujo lábil de un alfabeto centrípeto y sesgado.
Como alguien que murió apoyado en una mano y se le pudre
igual que un saco donde una flor errante golpea la pared de la membrana
hasta perfumarla deshaciéndose en mil flores,
nos hundimos,
despegamos.
la violo y la alejo a través de sentidos entregados en masa a una sola forma.
La flor multiplicada bajo la lupa lunar reúne sus nombres cosméticos
y así
se entretiene el dolor, se pierden llagas como piedras en la laguna
que hay en el centro del jardín.
El cuerpo movedizo y embarrado que hay en la orilla,
con la boca vuelta hacia el agua regurgitando y absorbiendo un beso,
nos va rodeando sin que él mismo lo sepa.
Le tendemos la trampa, le decimos rosa, violeta, lugares comunes
donde reposa el círculo irisado de la mordaza,
y nuestra piel conoce el sabor cárdeno del cielo
en un espacio cada vez más reducido por la lengua
que se adelanta a la voz dando grandes zancadas intraespeculares.
El cuerpo nos asesina igualmente
pero nuestras manos entrelazadas
no simulan otra fuerza que la del nudo construido
con el flujo lábil de un alfabeto centrípeto y sesgado.
Como alguien que murió apoyado en una mano y se le pudre
igual que un saco donde una flor errante golpea la pared de la membrana
hasta perfumarla deshaciéndose en mil flores,
nos hundimos,
despegamos.