Expulsarlos del templo
Publicado: Mar, 05 Feb 2013 13:36
Ahora sí, parece que ya empiezo a entender
el sustento que nos sostiene,
son columnas salomónicas que cual serpientes
no arrebatan el sustento verdadero.
Abajo los leones vigilan las entradas
con su garras aporradas,
arriba en los capiteles se retuercen
en retóricos y ofuscados movimientos los ofidios,
tergiversando una realidad de todos desconocida.
Apenas arañada por iluminadas plumas,
se dibuja el templo de cornisas esculpidas
con la diosa ciega y su balanza,
ciega como aquel que aspiró a ella
en su pulir ingenuo. La sosa cornisa nos mostró
ese ignominioso subsistir, de aquellos apegados
a la cúspide pirámica, alimentados por sus relaciones
consanguíneas al vértice poderoso.
La anaideia guillotinaria crece en muchedumbres
apiñadas ante columnas temerarias,
cual termitas obedecen ya sólo al deseo del hambre
en paraísos destronados de magnífica apariencia,
esos telones destrozados de imágenes palpables
recrean los mundos deseados que nunca saboreamos,
desangrados en desórdenes que todos aborrecemos,
pero a los que todos emigramos.El ámbar nocturno
vierte en mi testa su húmedo
maná, sus estallidos cristalinos
brotan por mi frente lineales, siento,
mi primigenio origen de vida que acecha;
paciente aguardo al origen en mi entelequia,
sus gritos son ecos transmitidos que emergen,
ofreciéndome ilusión libertaria que diluyen la materia;
en su procedencia regalan el átomo, el principio, la esencia.
Es lluvia alborotada, húmeda cabellera
de agua al mundo derramada y desbocada
que socava, que inunda ondas de éter purísimo,
donde la sombras cohabitan en la esquina perdida
de la inevitable melancolía de divinas lágrimas,
son: el conato claro de una llama que no cesa,
donde Saturno devora las entrañas
donde ausencia es la esperanza,
donde las palabras no abarcan.
el sustento que nos sostiene,
son columnas salomónicas que cual serpientes
no arrebatan el sustento verdadero.
Abajo los leones vigilan las entradas
con su garras aporradas,
arriba en los capiteles se retuercen
en retóricos y ofuscados movimientos los ofidios,
tergiversando una realidad de todos desconocida.
Apenas arañada por iluminadas plumas,
se dibuja el templo de cornisas esculpidas
con la diosa ciega y su balanza,
ciega como aquel que aspiró a ella
en su pulir ingenuo. La sosa cornisa nos mostró
ese ignominioso subsistir, de aquellos apegados
a la cúspide pirámica, alimentados por sus relaciones
consanguíneas al vértice poderoso.
La anaideia guillotinaria crece en muchedumbres
apiñadas ante columnas temerarias,
cual termitas obedecen ya sólo al deseo del hambre
en paraísos destronados de magnífica apariencia,
esos telones destrozados de imágenes palpables
recrean los mundos deseados que nunca saboreamos,
desangrados en desórdenes que todos aborrecemos,
pero a los que todos emigramos.El ámbar nocturno
vierte en mi testa su húmedo
maná, sus estallidos cristalinos
brotan por mi frente lineales, siento,
mi primigenio origen de vida que acecha;
paciente aguardo al origen en mi entelequia,
sus gritos son ecos transmitidos que emergen,
ofreciéndome ilusión libertaria que diluyen la materia;
en su procedencia regalan el átomo, el principio, la esencia.
Es lluvia alborotada, húmeda cabellera
de agua al mundo derramada y desbocada
que socava, que inunda ondas de éter purísimo,
donde la sombras cohabitan en la esquina perdida
de la inevitable melancolía de divinas lágrimas,
son: el conato claro de una llama que no cesa,
donde Saturno devora las entrañas
donde ausencia es la esperanza,
donde las palabras no abarcan.