La Editorial Alaire, auspiciada por la Academia de Poesía Alaire, pone gratuitamente a disposición de sus foristas registrados, varios foros de poesía, prosa literaria, debates…, para que puedan publicar sus obras e interactuar entre ellos, así como, la tienda de libros donde se muestran las publicaciones, tanto en papel como en formato digital, estos mediante descarga gratuita. La razón de ser de nuestros foros se centra en promocionar la poesía, mediante las obras de los autores que participan en la plataforma de la Academia de Poesía Alaire. La promoción de la poesía, a nivel del mundo de habla hispana, conlleva una enorme responsabilidad, por ello, pedimos la máxima implicación de todos los miembros de Alaire. Vale recordar al gran maestro Dumas: uno para todos y todos para uno. Muchas gracias por todo, queridos compañeros.
Ana Muela Sopeña escribió: ↑Sab, 03 Ene 2026 15:35
Bellísimo este lienzo del anciano japonés al final de sus días
Has conseguido el tono, el lenguaje, el ambiente del estilo poético japonés. Algo que no es fácil siendo de otra cultura.
Enhorabuena
Un abrazo grande
Ana
Gracias por tu paso y comentario, Ana,
no domino los Haikus pero me gustan y lo intento, la cultura japonesa es complicada y si en este poema ves todo eso que dices me doy por satisfecha.
Besos.
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Marisa Peral Sánchez
—— ¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!
—-
Alejandro Costa escribió: ↑Lun, 05 Ene 2026 14:14
Precioso de principio a fin.
La ternura con la que el anciano define el final de sus días me ha trasladado a aquel poema de nuestro queridísimo Jerónimo Muñoz, que dejó colgado en el foro su hijo, donde creo recordar que decía algo parecido a "pero no le digas que me estoy muriendo".
Muy bueno, Marisa.
Recuerdo la carta del hijo de Jerónimo cuando comunicó su fallecimiento.
Gracias, Alejandro, por tu
Un beso.
Feliz año nuevo.
Recuerdo la carta del hijo de Jerónimo cuando comunicó su fallecimiento.
¡Cuánto le echo de menos!
Gracias, Alejandro, por tu comentario para este poema, me alegro de que te haya gustado.
Un beso.
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Marisa Peral Sánchez
—— ¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!
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Carmela Viñas escribió: ↑Sab, 10 Ene 2026 21:18
Muy bello tu poema,Marisa.
Tiene el encanto de la calma y desprende belleza y sabiduría. El marco zen es muy apropiado para esa delicadeza de alma.
Felicidades! Me ha encantado leerte.
Abrazos fuertes .
Me alegro si este poema te gustó, querida Carmela.
Gracias por tu generosidad con mis letras y por tu comentario.
Abrazos grandes.
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Marisa Peral Sánchez
—— ¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!
—-
José Manuel Palomares escribió: ↑Sab, 10 Ene 2026 21:34
Preciosísimo este retrato del anciano, de acuerdo con los compañeros con que transcurre con la misma naturalidad del haiku, sensibilidad a flor de piel.
Me halaga tu comentario, José Manuel, gracias por tu sensible mirada que agradezco.
Un abrazo.
—-
Marisa Peral Sánchez
—— ¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!
—-
Las arrugas de su rostro plagaban de sonrisas
el rumor del agua que descendía de la montaña.
Allí, sin inviernos, se detenía el tiempo.
No había más voces que las poesías
y allí regresaba una y otra vez
a terminar su haiku
El anciano sabía
que al transcribir el último candji
de la última frase,
escribiría también el fin de su vida
y sus ojos descansaron
en el campo de las rosas de azafrán.
Sal de la sombra,
pierdo tu rastro entre las madreselvas
y tu recuerdo es demasiado bueno
para negárselo a nuestros ojos,
ávidos de néctares de malvasía.
Mirando al norte,
tus ojos almendrados
hallarán calor, decías…
Los papiros rosáceos
traducen los murmullos
de las campánulas
y sigo tus pasos,
pero he de volver
con las gaviotas.
Marisa Peral escribió: ↑Sab, 03 Ene 2026 0:41El anciano
Las arrugas de su rostro plagaban de sonrisas
el rumor del agua que descendía de la montaña.
Allí, sin inviernos, se detenía el tiempo.
No había más voces que las poesías
y allí regresaba una y otra vez
a terminar su haiku
El anciano sabía
que al transcribir el último candji
de la última frase,
escribiría también el fin de su vida
y sus ojos descansaron
en el campo de las rosas de azafrán.
Sal de la sombra,
pierdo tu rastro entre las madreselvas
y tu recuerdo es demasiado bueno
para negárselo a nuestros ojos,
ávidos de néctares de malvasía.
Mirando al norte,
tus ojos almendrados
hallarán calor, decías…
Los papiros rosáceos
traducen los murmullos
de las campánulas
y sigo tus pasos,
pero he de volver
con las gaviotas.