Tienda de certezas
Moderador: Hallie Hernández Alfaro
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Julio López
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- Registrado: Jue, 20 Ago 2026 19:22
Tienda de certezas
La puerta se cerró sin ruido. La sonrisa del vendedor destacaba tras el mostrador.
Me saludó con un “buenos días” que no sonó sincero.
—Buenas. Hace años le vendí mi última certeza. Quisiera recuperarla.
Me miró por encima de las gafas.
—Lo recuerdo. Me temo que no es posible. Se deshizo al manipularla.
Extendió una mano abierta hacia el pasillo.
—Puede buscar entre la colección. Está dividida por categorías. Quizá encuentre alguna que le sirva.
Acepté su sugerencia.
—La primera sección era la de certezas políticas. Tuvimos que cerrarla.
Le pregunté por qué.
—Porque los clientes ya traían las suyas y se peleaban. Además, no se vendían.
En su lugar había una sala de geología.
—Estas tampoco se venden —añadió—, pero al menos no hay peleas.
Echó a andar y lo seguí. Llegamos a una puerta de colores. Estaba cerrada, pero del otro lado llegaban gritos, risas y el ruido de algo que se rompía.
—¿Qué hay ahí dentro?
—La sección infantil. Tenga cuidado, no queremos que se escapen.
Pasamos de largo.
La siguiente era más grande y muy bien iluminada.
—Es la de deportes, la más visitada. En el armario pequeño están los que no usan pelota.
Avanzamos. El pasillo giraba en un ángulo de noventa grados. Todas las salas parecían iguales desde fuera. El vendedor se detuvo un instante.
—¡Ciencia! Es mi favorita.
Estaba llena de estanterías.
—Las ordenamos por siglos y unimos con una cuerda las que se contradicen.
Me entretuve un momento en amor/romanticismo. Algunas me parecieron interesantes: “Me quiere”, “volverá”, “esta vez es para siempre”. En otro tiempo habría comprado alguna.
La de filosofía era una biblioteca. Los libros se acumulaban sin un orden aparente. Uno destacaba por su grosor. En la portada se leía: “Dios prefiere la tortilla con cebolla”. Discrepo, pero no voy a discutir.
Otro giro y ya estábamos otra vez cerca de la entrada. La última puerta llamó mi atención: “Certezas del futuro” con un cartel colgado: “VUELVA USTED MAÑANA”. Mañana será lunes, estará cerrado.
Me fijé en un expositor. Seleccioné una certeza pequeña, con forma de llavero. En un lado había un dibujo y en el otro, un nombre. No era el mío, pero no me importó.
Le pregunté el precio:
—Una moneda.
—¿De cuánto?
—Una cualquiera.
Cuando ya estaba saliendo me sujetó por el hombro.
—Disculpe, tenga su ticket por si quiere devolverla.